Los principales actores de la coalición oficialista avanzan en el diseño de una estructura electoral de alcance nacional que busca consolidarse antes de los comicios de 2027. Tras una jornada legislativa donde el Gobierno logró la aprobación de iniciativas clave para su agenda de reformas, dirigentes del PRO y La Libertad Avanza se reunieron en sede de gobierno para evaluar territorialidad en 17 distritos donde el partido fundado por Mauricio Macri no detenta poder ejecutivo. Este movimiento representa un punto de inflexión en la configuración de fuerzas que podría definir el próximo ciclo electoral: ya no se trata de acuerdos puntuales entre dos espacios, sino de la construcción de una propuesta más amplia que contempla la incorporación de otras fuerzas políticas. Lo relevante en este contexto no es solo quién negocia con quién, sino cómo se estructura una alternativa que aspira a transformarse en una tercera opción electoral frente a fragmentación que caracteriza la política argentina en la última década.

Un mapa complejo: territorios, fortalezas y tensiones internas

El encuentro que protagonizaron el jefe de Gabinete Diego Santilli, acompañado por los dirigentes pro Cristian Ritondo y Fernando De Andreis, funcionó como un primer relevamiento territorial sistematizado. Quedaron fuera del análisis los tres distritos donde el PRO ejerce el gobierno: la Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos y Chubut. Asimismo, los municipios bonaerenses bajo conducción pro fueron excluidos de la conversación, lo que revela una realidad política que trasciende lo anecdótico: existen fricciones internas entre sectores del mismo partido que aún no se han saldado. El ejemplo más elocuente ocurrió días atrás cuando Sebastián Pareja, titular de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, impulsó la candidatura de Oscar Ahumada, exjugador profesional, en Zárate, territorio donde gobierna Marcelo Matzkin, cercano a Ritondo. Esta tensión ilustra que aunque en la superficie existe acuerdo sobre una alianza conjunta, en el terreno concreto las disputas territoriales persisten como variable determinante.

Los dirigentes que asistieron a la reunión reiteraron que se trata de una etapa exploratoria donde el objetivo central consiste en mapear fortalezas territoriales de cada espacio político, identificar zonas donde existen condiciones para competir en conjunto, y evaluar el potencial de incorporación de otros actores. Ritondo planteó de manera explícita que 17 distritos constituyen el universo donde el PRO participa activamente en dinámicas provinciales y donde resulta factible construir alianzas con La Libertad Avanza. La metodología propuesta busca evitar la improvisación: provincia por provincia, analizando realidades locales, sopesando capacidades electorales de cada sector y determinando dónde una coalición conjunta representa la opción más lógica desde lo electoral.

Más allá de dos: la incorporación de otros espacios políticos

Un elemento que distingue este proceso del anterior armado electoral es la intención explícita de no reducir la negociación a un acuerdo binario. De Andreis enfatizó que para consolidar una alternativa política de alcance nacional será necesario abrir la puerta a otros sectores. Mencionó de manera expresa al radicalismo y a las fuerzas provinciales como potenciales integrantes de esa estructura más amplia. Esta apertura responde a un cálculo político: las realidades provinciales no siempre coinciden con la dinámica que existe en el nivel nacional, y existen gobernadores o liderazgos locales cuyo apoyo resulta estratégico para ganar territorios. En la anterior elección, el PRO y La Libertad Avanza ya habían compartido alianzas en 14 distritos, un antecedente que funciona como base para esta nueva construcción pero también como evidencia de que los acuerdos de entonces no alcanzaron para traducirse en una hegemonía electoral clara.

De Andreis subrayó un concepto que trasciende lo meramente electoral: la necesidad de generar "certidumbre política" hacia adelante. Según su perspectiva, la estabilidad institucional constituye un componente central para que el programa económico del Gobierno logre resultados que luego se traduzcan en respaldo electoral. En otras palabras, desde la dirigencia pro considera que la construcción de alianzas políticas sólidas y duraderas representa un factor tanto o más importante que la competencia pura en términos electorales. Esta visión implica que el objetivo no es ganar votaciones puntuales, sino estructurar un esquema que permita sostener la orientación de política pública durante varios años.

Economía y PASO: los ejes que atraviesan la negociación

Durante el encuentro, Santilli realizó una presentación sobre la evolución de los principales indicadores macroeconómicos que monitorea la administración Milei. De Andreis transmitió posteriormente que el Gobierno les ofreció tranquilidad respecto de la trayectoria económica. Entre los datos que circularon en la reunión destaca que 13 de los 15 sectores del EMAE registran crecimiento, además de la evolución positiva de los índices de inflación. Para el PRO, el desempeño de la economía será central a la hora de consolidar el respaldo político hacia el Gobierno y de sostener un proyecto de reformas en el tiempo. En cierto sentido, los dirigentes pro están apostando a que si el panorama económico mejora visiblemente antes de 2027, las victorias electorales llegarán de manera casi automática. Esta es una apuesta política fuerte que contrasta con ciclos anteriores donde las coaliciones oficialistas no siempre lograron traducir recuperaciones económicas en apoyo político duradero.

Otro punto que estructuró la conversación fue el futuro de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Ritondo aclaró que el PRO aún no ha definido una posición sobre si deben eliminarse, reformarse o mantenerse. Su argumentación resulta interesante: reconoce que tanto Milei como Macri fueron resultados de estas primarias, lo que evidencia su potencial para producir liderazgos; pero simultáneamente admite que tienen un costo económico y generan fatiga electoral. La definición, según planteó, dependerá del debate que se produzca en el Senado y de las alternativas que puedan surgir desde el Congreso. Esta postura de espera contrasta con la agresividad que mostró el Gobierno en otras iniciativas legislativas, sugiriendo que en materia de reglas electorales existe mayor cautela dentro de la coalición oficialista.

Macri como articulador central de la estrategia política

Un dato que no apareció de manera prominente en la cobertura del encuentro pero que resulta fundamental para comprender su significado radica en el rol que continúa desempeñando Mauricio Macra en la toma de decisiones del PRO. Ritondo confirmó explícitamente que el presidente del partido mantiene un lugar central en la arquitectura política de la fuerza. Antes de la reunión en Casa Rosada, Macri había sostenido conversaciones con el Gobierno, y los dirigentes que participaron del encuentro transmitirán posteriormente los detalles del intercambio al fundador del PRO. En otras palabras, el vínculo entre Macra y Javier Milei sigue siendo uno de los canales políticos más importantes a través del cual se procesan acuerdos entre ambos espacios. Esta continuidad sugiere que a pesar de que La Libertad Avanza llegó al poder con un discurso de ruptura y anti-establishment, ha requerido de la experiencia y la red territorial del PRO para gobernar.

Buenos Aires merece un párrafo aparte en esta estrategia electoral. De Andreis destacó que aunque la Ciudad fue excluida del análisis de los 17 distritos —por ser territorio gobernado por el PRO—, mantiene un lugar preponderante en la estrategia electoral de la coalición. El razonamiento es sencillo: la experiencia de gestión del PRO en la capital federal durante varios años, combinada con la importancia política y electoral de Buenos Aires, convierte a este distrito en un primer banco de pruebas para consolidar el armado conjunto entre ambos espacios. De Andreis utilizó la expresión "blindar el cambio" para describir lo que pretenden lograr en CABA, una frase que aparece regularmente en el lenguaje de la coalición oficialista y que transmite la idea de que las reformas implementadas deben quedar protegidas frente a posibles reversos electorales o cambios de gobierno.

Una construcción aún inacabada y sus implicancias futuras

Conviene ser preciso en la evaluación del estado actual de estas negociaciones: se encuentran en una etapa preliminar. Ni siquiera han comenzado las conversaciones sobre candidatos, que quedaron expresamente para una "instancia posterior". Lo que existe ahora es un diagnóstico territorial, un mapeo de posibilidades, una enumeración de actores potenciales que podrían integrarse. La definición de cómo avanzar en cada provincia dependerá también de las conversaciones con los gobernadores, una variable que introduce complejidad adicional dado que no todos los ejecutivos provinciales responden necesariamente a las estructuras nacionales de sus partidos.

El panorama que se abre hacia 2027 presenta variables múltiples. Si el desempeño económico mejora sustancialmente en los próximos dos años y media, la coalición oficialista llegará a las elecciones con un mensaje de gestión exitosa que podría traducirse en votos. Si, por el contrario, la economía se estanca o empeora, el armado electoral más sofisticado no alcanzará para compensar ese deterioro. En paralelo, la posibilidad de incorporar al radicalismo y a fuerzas provinciales abre la puerta a alianzas más amplias pero también más frágiles, donde los consensos sobre políticas concretas podrían resultar difíciles de alcanzar. La pregunta central que permanece sin respuesta es si esta arquitectura de negociación entre múltiples actores logrará consolidarse en torno a objetivos comunes o si, como ha sucedido en ciclos anteriores, terminará fragmentada por disputas sobre candidaturas y poder territorial.