La paradoja de una ausencia que habla más que cualquier presencia

Cuando un movimiento político poderoso elige no competir en una contienda electoral, los analistas suelen buscar debajo de las piedras para entender qué se esconde en esa renuncia. En Marcos Juárez, ciudad ubicada en el sudeste de la provincia de Córdoba, sucede algo que merece una atención cuidadosa: La Libertad Avanza ha decidido no presentar candidato propio para la elección de intendente del 6 de septiembre próximo. No se trata de una debilidad organizativa ni de falta de recursos. Muy por el contrario, la decisión responde a un cálculo político sofisticado que ilumina transformaciones más profundas en el mapa de alianzas nacionales y regionales. Este movimiento importa porque revela cómo el oficialismo libertario se relaciona con sus competidores, cómo prioriza objetivos territoriales y qué dinámicas internas atraviesan sus estructuras de poder.

La ciudad en cuestión no es un municipio cualquiera. Con aproximadamente 30.000 habitantes, Marcos Juárez funciona como un enclave agroindustrial estratégico en lo que históricamente se conoce como "la pampa gringa", región que durante décadas fue sinónimo de prosperidad rural y poder económico en Argentina. Su relevancia trasciende los números demográficos: en esta localidad nacieron alianzas políticas que modificaron el escenario nacional. Sin embargo, en esta ocasión, la contienda electoral se desarrollará sin la presencia de dos actores que tradicionalmente jugaban roles protagónicos en territorios como este. Ni La Libertad Avanza ni el peronismo cordobés —representado por figuras de peso como el diputado nacional Juan Schiaretti y el gobernador Martín Llaryora— competirán con sus sellos propios. Esta ausencia simultánea de dos fuerzas que polarizaban la política argentina reciente constituye un fenómeno digno de análisis.

Tres candidatos, un acuerdo implícito y los fantasmas del poder

En el terreno concreto, la campaña se estructura alrededor de dos alianzas bien definidas. Por un lado, Generación MJ impulsa a Germán Font, un dirigente alineado con las políticas del gobernador provincial. Font, además de su actividad política, se desempeña como funcionario en el Ministerio de Bioagroindustria, lo que evidencia su inscripción en la estructura de poder actual. Por el otro lado, Gerardo Pasquali encabeza la alianza Marcos Juárez Despierta, conformada por la UCR y el Partido Demócrata, fuerzas que históricamente han competido en la región. Entre estos dos polos, se mueve Pedro Dellarossa, ex intendente quien decidió lanzarse como candidato independiente, llevando un proyecto político propio que no responde a ninguno de los sellos tradicionales.

Lo que sucede en segundo plano resulta tan relevante como lo que ocurre bajo los reflectores. Según confirmaron voceros de La Libertad Avanza, existe una evaluación compartida de que los tres candidatos viables —Font, Pasquali y Dellarossa— mantienen alineamientos con las políticas impulsadas desde la Casa Rosada por el presidente Javier Milei. Esta evaluación fue el fundamento sobre el cual se construyó una decisión sorprendente: no intervenir directamente en la contienda, no poner "la marca, el sello" en ninguno de los contendientes. La lógica oficial libertaria fue que una intervención explícita terminaría por "ir en detrimento de otros", es decir, canibalizaría votos entre candidatos que ya comparten una sintonía ideológica con el proyecto nacional. Hubo, según las fuentes libertarias, un "acuerdo" previo para no competir, una negociación que incluyó a los principales arquitectos del movimiento en la provincia: Karina Milei, Eduardo "Lule" Mene y el diputado nacional Gabriel Bornoroni, jefe de la bancada oficialista.

Sin embargo, este relato de consenso tiene grietas. Se produjeron negociaciones con Dellarossa que no llegaron a buen puerto. El ex intendente, lejos de alinearse con los libertarios, cuenta con el respaldo de Mauricio Macri, quien hizo llegar su apoyo a través de la dirigente Soher El Sukaria, vinculada al expresidente. Este detalle no es menor: abre una brecha entre el ala libertaria y el ala macrista dentro del frente opositor, una tensión que ha permanecido latente desde que Milei asumió la presidencia. Los libertarios, en respuesta, tomaron distancia explícita del Pro: "No creemos en el km 0. Para nosotros lo importante es ganarle al oficialismo provincial. No apoyar a ningún candidato es una forma de ganar, no canibalizamos a ninguno". Esta frase es reveladora: traduce la decisión de abstención como una estrategia de largo plazo orientada a debilitar al gobernador Llaryora, no a competir por la victoria municipal en sí misma.

Cuando la historia local explica las tensiones nacionales

Para comprender plenamente lo que sucede en Marcos Juárez, es necesario retroceder en el tiempo. En septiembre de 2014, Dellarossa fue electo intendente de la ciudad. Aquella noche, en el cine-teatro de la Sociedad Italiana, resonó el grito que marcaría el inicio de una nueva etapa política: "Se siente, se siente, Mauricio presidente". Esa victoria municipal no fue un hecho aislado; representó el primer laboratorio exitoso de lo que luego sería Juntos por el Cambio, la alianza que terminaría derrotando al kirchnerismo después de doce años de gobierno peronista. El Pro y el radicalismo replicaron en todo el país el modelo de coalición probado en Marcos Juárez. Aquella victoria, además, tuvo una implicancia estratégica que no debe perderse de vista: permitió al macrismo derrotar al peronista José Manuel de la Sota, quien estaba asociado políticamente con Sergio Massa, un competidor directo de Macri en la carrera presidencial. Un año después, en 2015, el expresidente ganaba la primera vuelta presidencial nacional. Los hilos de aquella victoria municipal llegaban hasta la Casa Rosada.

En 2022, Sara Majorel se consagró intendenta de Marcos Juárez, superando en los comicios a Verónica Crescente, quien contaba con apoyo del gobernador Schiaretti. Ambas candidatas provenían de la administración Dellarossa, lo que evidencia cómo el ex intendente construyó una estructura política duradera en el territorio. Aquella campaña fue un despliegue de fuerzas macristas y radicales nacionales: Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal y Gerardo Morales participaron activamente, acompañando a Majorel. El entonces gobernador Schiaretti concurrió en cuatro ocasiones para respaldar a su candidata, evidenciando que en esos años aún existía una comunidad de intereses entre el peronismo cordobés y Juntos por el Cambio. Cuando Majorel triunfó, Macri lo celebró en redes sociales con una frase que sintetizaba su filosofía política: "Si no está roto, no lo arregles".

La ausencia actual de La Libertad Avanza en Marcos Juárez debe leerse, entonces, en este contexto histórico. No es simplemente que los libertarios renuncien a competir en una ciudad; es que renuncian a competir en un espacio que fue cuna de Juntos por el Cambio, donde Macri construyó poder político y donde, durante años, disputó territorio con el peronismo provincial. La decisión libertaria de no intervenir directamente es, simultáneamente, una forma de reconocimiento de esa historia y una reafirmación de que los tiempos han cambiado. Dellarossa, figura emblemática de aquella victoria de 2014, es ahora respaldado por Macri pero no por los libertarios. Font, que representa al oficialismo provincial, cuenta con el beneplácito de los libertarios sin que estos le den formalmente su sello. La geometría política se ha vuelto más compleja.

Peronismo ausente, libertarios discretos y lo que eso significa

La ausencia simultánea del peronismo cordobés es igualmente sintomática. Sin posibilidades objetivas de ganar la contienda municipal, las estructuras peronistas agrupadas en Provincias Unidas o Unidos por Córdoba decidieron no participar. Esta decisión refleja una realidad incómoda para el peronismo: en ciudades como Marcos Juárez, su capacidad de movilización ha disminuido considerablemente. El gobernador Llaryora, a pesar de su actual liderazgo provincial, no logra trasladar ese poder de manera automática a todos los territorios. La ausencia de un candidato peronista propio reconoce, implícitamente, que la lucha por la intendencia se dirimir entre otros actores.

Esta retirada del peronismo abre espacios que, en otra época, no hubieran existido. Permite que figuras como Dellarossa, quien integró el gabinete de Llaryora como ministro de la Producción e integrante del directorio del Banco Córdoba, se presenten como alternativa independiente sin temor a una competencia feroz desde el establishment provincial. Dellarossa fue parte de lo que el gobernador denominó "cordobesismo", un esquema de construcción política que buscaba trascender las divisiones tradicionales y construir un frente amplio. Ahora, ese mismo dirigente compite de manera desacoplada del gobernador que lo integró en su administración. Las personas que rodean a estos políticos y los recursos que disponen para sus campañas siguen siendo los mismos; lo que ha cambiado es la arquitectura formal de las coaliciones.

La decisión de La Libertad Avanza de no competir con sello propio responde, entonces, a una lectura del territorio que prioriza otras consideraciones por encima de la victoria municipal inmediata. Los libertarios evalúan que cualquiera de los tres candidatos viables gobernará la ciudad de manera compatible con sus políticas. Simultáneamente, perciben que una intervención directa los expondría a negociaciones o a contradicciones con sus aliados de Juntos por el Cambio —particularmente con Macri—, sin garantizar un beneficio proporcional. Es una estrategia que sacrifica el rédito político visible de la victoria municipal para preservar su capital político provincial y nacional. Este cálculo refleja una maduración táctica del movimiento libertario, que ha aprendido que no siempre es necesario competir en todas partes para ejercer influencia.

Las consecuencias de una ausencia que redefine territorios

Lo que suceda en Marcos Juárez durante y después de septiembre tendrá implicancias que se extenderán más allá de los límites municipales. Si Font triunfa con el respaldo del gobernador Llaryora, pero también contando con el beneplácito libertario, se consolidaría un modelo donde el oficialismo provincial y el movimiento libertario coexisten de manera mutuamente tolerante en espacios territoriales específicos. Si Pasquali gana, representaría una victoria radical en una ciudad históricamente importante para Juntos por el Cambio, señalando una recomposición del radicalismo en Córdoba. Si Dellarossa se impone, con el apoyo de Macri pero sin la oposición de los libertarios, abriría interrogantes sobre la naturaleza real de la grieta entre macristas y libertarios, sugeriendo que comparten más objetivos comunes de lo que formalmente reconocen.

Para el gobernador Llaryora y su proyecto peronista provincial, esta elección representa un test de capacidad territorial en una zona estratégica. Para Macri, que vuelve a respaldar a Dellarossa, implica mantener viva su presencia política en un territorio que le permitió, hace una década, imaginar una Argentina diferente. Para los libertarios, la abstención de competencia directa es un mensaje de que entienden que su poder ya no requiere demostración visible en cada rincón del país. Y para Marcos Juárez misma, ciudad que una vez fue cuna de transformaciones políticas nacionales, estas elecciones marcan una encrucijada donde ninguna de las fuerzas que antaño la dominaban pone el acento más que en consideraciones de largo plazo. El municipio que albergó la chispa de un cambio nacional hace diez años ahora es territorio donde las decisiones se toman con discreción, sin proclamas, sin gritos ensayados. Eso, quizás, dice tanto como cualquier victoria electoral.