Un informe técnico oficial acaba de exponer una grieta considerable en el sistema de vigilancia electrónica que controla a la expresidenta Cristina Kirchner mientras cumple su condena en arresto domiciliario. La Dirección de Asistencia de Personas Bajo Vigilancia Electrónica (Dapve), organismo dependiente del Ministerio de Seguridad, confirmó a la Justicia lo que especialistas en tecnología de monitoreo ya conocían: la pulsera equipada con GPS que lleva Kirchner carece de precisión para determinar con exactitud dónde se encuentra dentro del edificio ubicado en San José 1111. Este hallazgo tiene implicancias directas sobre la confiabilidad del sistema que respalda una de las medidas más controvertidas de los últimos años en materia de ejecución penal, planteando interrogantes sobre qué tan efectivo es realmente vigilar a una persona a través de esta tecnología cuando el perímetro es un edificio de departamentos.

El juez Rodrigo Giménez Uriburu, magistrado a cargo de supervisar la ejecución de la pena contra la exmandataria, solicitó hace una semana un informe específico a la Dapve para resolver una duda concreta: ¿puede el dispositivo de seguimiento detectar si Kirchner se encuentra en su departamento, en la terraza, en pasillos comunes o en otras áreas del inmueble? La respuesta fue inequívoca y técnicamente reveladora. El GPS, según el documento oficial, "no permite determinar con exactitud en qué sector de un edificio se encuentra la persona. Puede proporcionar una ubicación geográfica correspondiente al inmueble o sus inmediaciones, pero no permite distinguir si se encuentra dentro de su departamento, en la terraza, en un pasillo, en una escalera o en otro piso". Esta limitación técnica transforma la naturaleza misma del monitoreo, reduciéndolo a una verificación de perímetro exterior más que a un seguimiento interior detallado.

La brecha tecnológica en el sistema de control

La tecnología de posicionamiento global disponible actualmente opera mediante coordenadas geográficas que funcionan eficazmente en espacios abiertos pero pierden precisión cuando deben operar dentro de estructuras cerradas. El modelo de tobillera asignado a Kirchner, denominado E4, utiliza un protocolo que establece un "rango" determinado por las coordenadas del domicilio donde se ejecuta la condena. Cada vez que el dispositivo traspasa ese perímetro, emite una alerta en la central de monitoreo. Sin embargo, estos límites no reconocen diferencias de altura ni variaciones verticales dentro del perímetro delimitado. Esto significa que el sistema sabe si Kirchner está dentro o fuera del edificio, pero no puede certificar en qué piso ni en cuál de sus espacios específicos se encuentra en cada momento.

Para compensar esta limitación tecnológica, el protocolo contempla mecanismos alternativos de verificación. Uno de ellos consiste en contactar por teléfono a un "referente" designado para confirmar la ubicación de la persona monitoreada. En el caso de la expresidenta, esa función recae en Mariano Cabral, uno de sus secretarios. De esta manera, la confiabilidad del sistema depende parcialmente de contactos telefónicos que un funcionario realiza para corroborar información. Este procedimiento introduce un elemento de verificación manual que contrastaría con la idea de un seguimiento automático e ininterrumpido, típico de los sistemas de vigilancia electrónica modernos.

Tres salidas en seis meses: el registro de acceso a la terraza

El documento oficial también precisó datos concretos sobre los desplazamientos de Kirchner dentro del edificio, específicamente respecto a su acceso a la terraza, un beneficio que su defensa legal había reclamado reiteradamente. Desde septiembre de 2025 hasta la actualidad, se registraron solo tres salidas documentadas para hacer uso de ese espacio. La primera ocurrió el 9 de marzo de 2026, con egreso a las 18:29 y regreso a las 19:01 —una permanencia de 32 minutos—. La segunda fue el 10 de marzo de 2026, entre las 17:26 y las 17:44 —18 minutos—. La tercera aconteció el 30 de marzo de 2026, entre las 18:04 y las 18:14 —10 minutos—. Estas cifras resultan llamativas por su escasez: apenas tres oportunidades en un lapso de seis meses para acceder a un espacio que la Justicia autorizó expresamente y que representa una de las pocas flexibilizaciones al régimen de arresto domiciliario.

Los registros de la Dapve incluyen anotaciones en las que se especifica que "previa comunicación con el Centro de Monitoreo, se informó que accedería a la terraza del edificio". Esta comunicación previa resulta significativa: sugiere que cada salida requiere notificación anticipada al organismo de control, lo que añade una capa adicional de restricción más allá del monitoreo pasivo del GPS. Aunque se cumple formalmente con la autorización de acceso a la terraza —límite establecido en dos horas diarias entre las 6 de la mañana y las 8 de la noche—, el patrón de apenas tres utilizaciones en medio año contrasta marcadamente con las apelaciones constantes de la defensa para ampliar este permiso. Los abogados de Kirchner presentaron múltiples recursos pidiendo la flexibilización de estas limitaciones, incluso solicitando la remoción completa de la pulsera. El juez Giménez Uriburu rechazó todos estos pedidos, decisión que fue respaldada en junio por la Sala IV de la Cámara de Casación con los votos de Gustavo Hornos y Diego Barroetaveña, aunque el magistrado Mariano Borinsky votó en sentido contrario.

Vigilancia multinivel y el incógnita de los vecinos

El control sobre la expresidenta en San José 1111 no se limita a la Dapve. El sistema integra otros organismos con funciones de supervisión: la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal (Dcaep), dependiente de la Cámara de Casación, realiza entrevistas mensuales en el lugar; y la Policía Federal mantiene una custodia permanente en las inmediaciones. Testimonios de personas que visitaron a Kirchner dan cuenta de la presencia visible de efectivos federales tanto en la entrada del edificio como en la puerta del departamento. Este despliegue triple de vigilancia —tecnológica, administrativa y de seguridad física— convierte al domicilio en un espacio de control intensivo que va más allá de lo que podría considerarse un simple arresto domiciliario convencional.

Sin embargo, existe una dimensión del control que permanece opaca para la Justicia: la identidad de los vecinos del edificio y sus movimientos internos. Los registros que la Justicia posee se refieren únicamente a Kirchner y a quiénes la visitan, pero no contemplan un mapeo completo de quiénes residen en el inmueble ni cómo circulan dentro de él. Este vacío informativo cobró relevancia cuando se conoció que María Soledad Calle, una sindicalista del movimiento político de Kirchner, adquirió un departamento ubicado en el primer piso, directamente debajo del que ocupa la expresidenta en el segundo piso. Esta compra desató especulaciones sobre posibles usos del espacio y relaciones entre vecinos, generando dudas sobre la hermeticidad del dispositivo de control. Desde el entorno de Kirchner se respondió que la expresidenta siempre respetó las normas impuestas por la Justicia, pero el interrogante sobre el verdadero propósito del departamento adquirido por Calle nunca fue formalmente aclarado.

El registro de visitantes constituye otro mecanismo de control documentado en los informes de la Dcaep. Existe un libro de actas ubicado en el hall de entrada del edificio que registra nombres, horarios de ingreso y egreso de quienes se entrevistan con Kirchner. Este libro es llevado por la custodia de la Policía Federal apostada en el domicilio. Después de un episodio en noviembre cuando Kirchner compartió en redes sociales una fotografía de una reunión con nueve economistas —lo que generó una violación técnica del régimen establecido—, la Justicia implementó restricciones específicas: máximo tres personas por ocasión, durante dos horas, dos veces por semana. Esta limitación aplica a visitantes que no forman parte del círculo con acceso directo, requiriendo para ellos el envío de solicitud previa al tribunal y espera de autorización. Como consecuencia de aquella violación, los controles sobre el libro de visitas se intensificaron, añadiendo tres verificaciones extras al protocolo regular.

Una característica relevante de estos controles es su periodicidad limitada. Los funcionarios de la Dcaep acceden al libro de actas aproximadamente una vez por mes, y siempre después de que los visitantes ya se han retirado del domicilio. Los registros muestran, por ejemplo, que para las visitas autorizadas del 10 de diciembre de 2025, el acceso al libro de actas se produjo dos días después, el 12 de diciembre, permitiendo verificar la entrada y salida de las tres personas autorizadas: el senador Carlos Linares y los diputados Paula Penacca y Germán Martínez. Esta brecha temporal entre la visita y la verificación abre un intervalo en el que, teóricamente, registros podrían ser alterados, aunque no hay indicios documentales de que esto haya ocurrido.

Implicancias y perspectivas sobre la efectividad del sistema

Los hallazgos técnicos revelados en el informe de la Dapve generan un conjunto de reflexiones sobre la arquitectura actual del arresto domiciliario en casos de alta visibilidad política. Por un lado, existe una perspectiva que sostiene que las limitaciones detectadas evidencian que el sistema funciona dentro de parámetros razonables de control: la pulsera impide que Kirchner abandone el inmueble, que es el objetivo central. La vigilancia multinivel —tecnológica, administrativa y de seguridad física— proporciona capas redundantes que compensarían las limitaciones del GPS interior. Desde esta óptica, las restricciones sobre visitantes, horarios y espacios autorizados operarían como controles adicionales que no requieren de precisión milimétrica del dispositivo electrónico. La implementación de verificaciones mensuales, aunque con límites temporales, y la obligación de notificación previa para acceso a la terraza, añadirían capas de confiabilidad al sistema en su conjunto.

Por otra parte, existe un enfoque que señala que la revelación de estas limitaciones técnicas plantea interrogantes sobre si el dispositivo de seguimiento representa realmente una novedad tecnológica respecto a formas tradicionales de confinamiento domiciliario. Si el GPS no puede certificar presencia en espacios interiores, entonces su aporte diferencial se reduce a la detección de abandono del perímetro exterior. Algunos actores en el ámbito jurídico sugieren que estas limitaciones no deberían sorprender a especialistas en vigilancia electrónica, pero que sí resultan reveladores para el público general que tiende a asociar la palabra "GPS" con precisión omnisciente. La escasez de salidas a la terraza —solo tres en seis meses— también plantea un cuestionamiento: si Kirchner utiliza tan raramente un beneficio autorizado legalmente, ¿responde a una autorestricción voluntaria, a obstáculos no documentados en los informes, o a que la autorización, aunque formal, comporta una carga práctica que la hace poco viable?

La cuestión del edificio y sus vecinos introduce variables que trascienden el dispositivo técnico. La compra del departamento por parte de una figura política cercana al círculo de Kirchner sugiere dinámicas sociales complejas que la vigilancia electrónica no necesariamente captura. La Justicia desconoce quiénes residen en San José 1111, cómo se relacionan con la expresidenta, y si existen intercambios o actividades que ocurren dentro del edificio pero fuera del alcance del monitoreo convencional. Este aspecto introduce un elemento de incertidumbre que ningún informe técnico puede resolver completamente: la vigilancia electrónica es un instrumento de control tecnológico, pero opera dentro de un contexto social donde existen relaciones humanas, decisiones personales y dinámicas que la tecnología no penetra.

La multiplicidad de organismos involucrados en el control —Dapve, Dcaep y Policía Federal— subraya tanto la intensidad del monitoreo como la fragmentación institucional del sistema. Aunque la redundancia podría interpretarse como una fortaleza garantista, también genera complejidades en términos de coordinación, responsabilidad y cobertura de vacíos. Los informes mensuales de la Dcaep, realizados después de que los visitantes se retiran, cumplen una función verificadora pero con márgenes temporales que no son inconvenientes pero tampoco son insignificantes. La combinación de vigilancia tecnológica, verificaciones administrativas, custodia física permanente y registro de visitantes conforma un sistema de control que es, simultáneamente, sofisticado en su arquitectura institucional e imperfecto en sus capacidades de penetración en espacios interiores.

A medida que continúe la ejecución de esta condena, los datos que generan los distintos organismos de control, así como los desarrollos tecnológicos en materia de vigilancia electrónica, seguirán siendo objeto de análisis jurídico y técnico. La pregunta sobre si las limitaciones del GPS interior justifican la permanencia de la pulsera, si deberían expandirse otros mecanismos de control, o si el régimen actual satisface estándares de proporcionalidad entre restricción y garantía, probablemente continuará siendo materia de debate en las instancias judiciales. Los hallazgos del informe de la Dapve no resuelven estas cuestiones de fondo, pero aportan precisiones técnicas que modifican el marco de conocimiento disponible para que la Justicia continúe supervisando la ejecución de la pena, más allá de interpretaciones políticas que unos y otros puedan construir a partir de ellos.