El espejo de 2017: cuando las cifras no alcanzaron

A finales de 2017 existía un gobierno que podía exhibir números respetables. El producto interno bruto crecía al 5%, la inversión disparaba al 20% y la pobreza había descendido al 26%, una marca que no se veía desde principios de los años noventa. Sin embargo, algo extraño ocurrió en ese momento: a pesar de estos indicadores, las calles se convirtieron en campo de batalla. Catorce toneladas de piedras se esparcieron por la Plaza de Mayo, caos en el Congreso, anarquía en la 9 de Julio. La narrativa de la crisis se instaló con tanta fuerza que el gobierno terminó desviándose de su ruta trazada, acosado por lo que percibía como urgencias políticas. Lo que vino después ya forma parte de la historia conocida de Argentina. Hoy, cuando se mira retrospectivamente ese episodio, emerge una enseñanza incómoda para quienes impulsan cambios económicos: un ejecutivo que mantiene coherencia en su dirección y en sus objetivos cuando estos están rindiendo frutos puede terminar cediendo ante la presión de un relato adverso, sin importar cuán alejado esté de la realidad concreta.

El desafío de construir narrativas cuando los datos se resisten

Lo que entonces sucedió es importante porque revela dos dinámicas que trascienden esa gestión puntual. Primero, un gobernante debe sostenerse firmemente en su dirección estratégica, especialmente cuando esa dirección está generando los resultados que prometió. Segundo, existe una realidad política inmutable en democracia: siempre hay actores que intentarán construir un relato de deterioro, independientemente del desempeño económico objetivo. Las aristas donde pueden hurgar son múltiples: el comportamiento del producto, los indicadores de pobreza, la dinámica del mercado laboral, la capacidad de sostener las cuentas fiscales, la situación externa. Siempre habrá algo que señalar como problemático. Pero es precisamente aquí donde la administración actual de Javier Milei se diferencia sustancialmente. Los números se resisten a ser manipulados cuando son suficientemente robustos. Y estos números, analizados punto por punto, revelan un cuadro que desactiva los argumentos tradicionales de la oposición.

El gobierno que asumió en diciembre de 2023 heredó una economía que había estado 12 años en retroceso, con el ingreso per cápita erosionándose consistentemente. En su primer año completo, el crecimiento alcanzó 6,7%. En el segundo año, el producto creció 3,5%. Los analistas agrupados en el Relevamiento de Expectativas de Mercado proyectan un crecimiento de 2,7% para este año y 3% para el próximo. Se había instalado en el debate público la teoría de que Argentina solo crecía en años impares, una superstición económica que los números desmienten categóricamente. El crecimiento ha ocurrido tanto en años pares como impares, lo que refuta esa construcción narrativa. La oposición ya perdió la batalla por el eje del crecimiento económico.

La pobreza: la métrica que más duele a la crítica

Si el crecimiento se resiste a ser cuestionado, la pobreza menos aún. Cuando Milei asumió, los indicadores mostraban 42% de pobreza en diciembre de 2023. En los primeros meses de gestión ese número se incrementó abruptamente a 53% porque el nuevo gobierno decidió sincerar cifras que venían siendo ocultadas sistemáticamente. Esa sincerización fue incómoda políticamente pero necesaria para tener una línea de base honesta. Desde entonces, el descenso ha sido consistente: hoy la pobreza se ubica en 28%. Una caída de casi 25 puntos porcentuales en poco más de un año. Para dimensionar: son millones de argentinos que dejaron de estar en situación de pobreza. La última medición de octubre de 2023 mostraba 70% de pobreza infantil. Aquella fue una cifra que conmovió al país, un estado de cosas insostenible. Que el gobierno haya logrado reducir significativamente esa proporción es un dato que no puede ser soslayado en ningún análisis serio, aunque la oposición lo intente constantemente.

¿Será el mercado laboral la trinchera donde la crítica encuentre munición? Tampoco. La tasa de desempleo en el primer trimestre de este año fue 7,8%, apenas 0,9 puntos por encima del primer trimestre de 2023. Cuando se lo compara con el promedio histórico de 8,9%, el dato muestra un mercado de trabajo relativamente equilibrado. Lo que genera aún más perplejidad en quienes buscan articular una crítica es que durante la gestión Milei se crearon 500.000 puestos de trabajo. Esa cifra no es menor. Si anualmente ingresan 200.000 personas a la fuerza laboral, en dos años se acumulan 400.000. Que además de absorber ese flujo de nuevos trabajadores se haya generado empleo neto positivo revela dinamismo en el mercado laboral. La aritmética es insoslayable.

Las cuentas públicas: el capítulo donde menos espacio hay para la crítica

¿Qué decir entonces del equilibrio fiscal? Acaso este sea uno de los logros más notables de la gestión actual. El superávit fiscal fue alcanzado en el primer mes de gobierno y se mantiene hace tres años. Es un hecho sin precedentes recientes en Argentina. El ministro de Economía emitió un bono que vence durante la propia gestión presidencial con un riesgo país de apenas 80 puntos básicos. Para entender la magnitud de esta cifra: cuando se logran números así, el mercado internacional reduce dramáticamente la prima de riesgo que cobra por invertir en el país. Lo que ocurrirá con el precio de los activos argentinos en el evento de una reelección podría ser uno de los fenómenos económicos más relevantes de los próximos años. El equilibrio de las cuentas públicas no es un resultado cosméticos logrado con trucos contables, sino una reducción estructural del gasto del Estado y una mejora en la recaudación tributaria.

Pero quizás donde mayor sorpresa ha generado el desempeño es en el frente externo. Hace poco más de dos años, cuando la transición administrativa estaba en curso, existía preocupación sobre un eventual atraso cambiario y un déficit en las cuentas externas. Lo que sucedió después fue lo opuesto: una explosión de exportaciones. Desde 2023 las exportaciones aumentaron 12 veces más que el producto. Este boom no se limitó a los sectores tradicionales. Hubo crecimiento en minerales, energía, productos primarios, pero también en manufacturas de pequeñas y medianas empresas, en servicios. Las exportaciones de servicios crecieron 21% en los últimos tres años, la industria registró un aumento de 35% y las pymes de exportación acumularon un crecimiento similar. Este cambio de composición de las exportaciones hacia sectores con mayor valor agregado no ocurrió por casualidad. Fue resultado de decisiones de política pública específicas.

La Ley Bases permitió eliminar lo que analistas denominaban "el barril criollo", un régimen de retenciones y controles que había generado destrucción sistemática en el sector energético. La misma norma derogó la ley que limitaba la explotación minera en zonas glaciares, liberando recursos que estaban cautivos. En el agro, cambios en la fiscalización de semillas, incentivos para proyectos de riego y la apertura de mercados europeos y estadounidenses anticipan transformaciones significativas. El crecimiento, sin embargo, se extiende más allá de estos sectores. La economía está experimentando un proceso de recomposición donde sectores que habían estado estancados comienzan a mostrar dinamismo. Comparando diciembre 2023 con diciembre 2025, 10 de los 11 sectores privados registraban niveles de actividad superiores a los del inicio de la gestión. En industria, 10 de 16 subsectores mostraban crecimiento en ese mismo período. La construcción permanece rezagada, pero ese comportamiento tiene una explicación: durante cuatro años previos los salarios en ese rubro se habían comprimido a niveles comparables con países africanos, generando un costo de construcción históricamente bajo. El mercado requiere tiempo para digerir esa oferta acumulada.

Las grietas en los argumentos: cuando los datos no alcanzan para la crítica

Incapaz de construir un relato coherente en torno a ninguno de estos ejes centrales, la crítica ha optado por saltar de tema en tema. El producto crece, pero no todos los sectores lo hacen al mismo ritmo. El empleo aumentó, pero decayeron los trabajadores formales y desaparecieron empresas. La pobreza bajó, pero la gente está endeudada y los salarios se estancaron. Cada uno de estos argumentos merece un análisis desmenuzado. Respecto de la heterogeneidad sectorial: en un proceso donde la economía modifica su perfil productivo hacia nuevos sectores exportadores, cierto grado de dinamismo diferenciado es no solo natural sino deseable. Que energía y minería crezcan más que otros sectores es algo que debería celebrarse, no criticarse, porque representa diversificación de la base productiva. Que el interior del país sea territorio de crecimiento también es un resultado positivo. Que la industria transformadora de recursos energéticos y mineros se desarrolle abre posibilidades respecto de la inserción internacional de Argentina. La transformación del país en uno de los mayores productores mundiales de fertilizantes es apenas la punta de un iceberg de posibilidades.

Sobre la supuesta desaparición de empresas: entre diciembre 2023 y mayo 2026 la cantidad de empleadores registrados disminuyó en casi 32.000. Pero el desglose es revelador: cerca de 22.000 de esa reducción corresponden a empleadores que declaraban apenas uno o dos trabajadores. ¿Se trataba de estructuras utilizadas para declarar bienes personales? No hay respuesta definitiva. Lo que sí es cierto es que independientemente del número de empresas, estas sumaron medio millón de puestos de trabajo. Ese es el indicador que importa. Respecto de los trabajadores formales: es verdad que hubo reducción. Una explicación plausible es la ampliación del monotributo aprobada por el Congreso mediante la Ley Bases, que facilitó a muchas personas migrar hacia una modalidad más flexible de trabajo y con menor carga tributaria. La monotributización no es un fenómeno nuevo sino una tendencia que opera desde 2012, cuando el mercado comenzó a buscar modalidades más flexibles. Entre los empleados no asalariados se sumaron 491.000 puestos, fundamentalmente monotributistas, mientras que en asalariados no registrados el aumento fue de 190.000. Un dato frecuentemente ignorado: los ingresos de los monotributistas no son significativamente diferentes a los de los asalariados formales, por lo que la calidad del empleo no se deterioró proporcionalmente a lo que el discurso sugiere.

Salarios, crédito y la persistencia del ruido político

En materia salarial las fuentes muestran metodologías y resultados diversos. SIPA, INDEC Salarios y la Cuenta de Generación de Ingresos ofrecen perspectivas que varían según el segmento laboral analizado. Para trabajadores informales, los datos de INDEC Salarios muestran aumentos reales significativos: 64% por encima del promedio de 2023. Para monotributistas el incremento fue menor, solo 4%, pero aun así positivo respecto al año anterior. En asalariados formales los números son más disímiles según la fuente, aunque ambas muestran aumentos importantes respecto de diciembre 2023 (8% en una fuente, 13% en marzo según otra). Este grupo tuvo un desempeño más lateral sin replicar el comportamiento expansivo de los otros segmentos. La diversidad de resultados por fuente y grupo laboral refleja una realidad: el ajuste no fue homogéneo, aunque tampoco fue contractivo como en años anteriores.

Respecto del endeudamiento: mientras el financiamiento bancario al sector privado representa apenas 12% del PBI (cifra notoriamente inferior al 70% en Chile y Brasil), la cartera irregular no alcanza el 1% del producto. La mora ha aumentado, es un hecho. Transformar automáticamente ese aumento en una supuesta crisis nacional de endeudamiento carece de sustento. El 72% de la mora se concentra en el sistema financiero: bancos y tarjetas no bancarias. Se trata de actores sofisticados que conocen los riesgos inherentes al crédito. Si las deudas no se pagan, el problema es fundamentalmente de los acreedores. Pero en la competencia política vale cualquier argumento, incluso aquellos que sugieren usar recursos públicos para proteger márgenes de grandes instituciones financieras internacionales. No se trata de minimizar el tema. Los costos financieros totales en Argentina son elevados comparativamente. La transparencia en tasas de interés es un avance necesario en cualquier mercado de crédito. Lo importante es que hoy los deudores pueden conocer la totalidad de costos antes de contratar. Cuando el CFT arroja porcentajes exorbitantes por un préstamo de corto plazo pequeño, refleja la realidad matemática de un sistema donde se cobra administrativamente, más que un indicador de crisis. El mercado de crédito requiere instituciones que puedan cobrar por riesgo. Argentina no puede estar modificando las reglas de juego cada vez que hay una nueva administración, porque eso genera precisamente la volatilidad que ahuyenta a los acreedores.

Perspectivas futuras: más allá del debate electoral

Los números presentados en este análisis no implican que todo esté bien en Argentina. Una sociedad es un caleidoscopio de realidades simultáneamente buenas y malas, dependiendo del ángulo desde el cual se observe. El trabajo de un gobernante consiste en mantener claridad respecto de la dirección a tomar, establecer un rumbo coherente y pensar en el conjunto de la ciudadanía. Para eso sirven precisamente los datos: para anclar la discusión en lo verificable en lugar de en lo especulativo. Habrá ruido político en el camino hacia las próximas elecciones, es parte de los procesos democráticos