El espacio político que fundara Mauricio Macri busca consolidarse como actor central en la contienda electoral que llega en 2027. Para ello, despliega una estrategia de doble velocidad: por un lado, recorre el territorio nacional para activar su estructura partidaria y posicionar candidatos propios; por otro, mantiene negociaciones con el gobierno libertario con el propósito de definir acuerdos electorales que le permitan competir desde una posición de fortaleza. Este equilibrio entre autonomía política y negociación es lo que caracteriza el movimiento del PRO en los próximos meses, y el acto previsto para el 25 de septiembre en Jujuy representa un capítulo más de esa apuesta territorial.

La actividad en el hotel Altos de la Viña, programada a partir de las 16, se inscribe en lo que el macrismo ha denominado "Próximo Paso": una iniciativa de recorridas regionales que busca refrescarse ante el electorado y crear condiciones para que el partido pueda incidir en los resultados futuros. Junto a Macri participarán referentes de alcance nacional y provincial del PRO, y está previsto además un encuentro bilateral con Carlos Sadir, el gobernador jujeño. La combinación de estos elementos —despliegue masivo, encuentros con autoridades locales, renovación de liderazgos— apunta a un objetivo concreto: que el PRO no sea absorbido por La Libertad Avanza, sino que llegue a cualquier eventual alianza como un socio con peso propio en las mesas de negociación.

Una estructura de 150 candidatos como base de poder

Dentro de los objetivos trazados por el partido para el ciclo 2026-2027 figura la construcción de 150 candidaturas a intendente en distintos puntos del país. Este número no es azaroso: representa la apuesta a una presencia competitiva en municipios donde actualmente el PRO no tiene capacidad electoral instalada. Según información recopilada, buena parte de esos nombres ya habría sido identificada, aunque el partido mantiene estratégicamente en reserva el anuncio público de los candidatos hasta que considere oportuno hacerlo. Esto responde a una lógica de comunicación política: el impacto del lanzamiento de candidatos se potencia si ocurre en el momento justo, cuando la maquinaria electoral comienza a acelerarse.

Esta estructura de candidatos cumple otra función: permite al PRO presentarse ante La Libertad Avanza con un poder de fuego territorial considerable. Si el partido llegara a negociaciones electorales sin candidatos propios, tendría poco que ofrecer más allá de la incorporación individual de sus cuadros al armado libertario. En cambio, disponiendo de una red extensa de candidaturas municipales, el PRO puede proponer acuerdos territoriales más complejos, donde cada distrito sea analizado según sus propias dinámicas políticas locales. Esto también abre la posibilidad de que en algunos lugares el PRO compita con candidatos propios y en otros confluya con el gobierno.

Diecisiete distritos en la mira: donde no gobierna el PRO

Las negociaciones entre el PRO y La Libertad Avanza se centran actualmente en 17 provincias donde el partido de Macri no ejerce el poder ejecutivo. Quedan fuera de este análisis los tres distritos donde el PRO sí gobierna: la Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos y Chubut. Tampoco forman parte de estas conversaciones los municipios bonaerenses donde manda la fuerza política del expresidente. En cada uno de esos 17 territorios, los dirigentes de ambos espacios evalúan cuáles son las fortalezas electorales propias y cómo pueden complementarse o competir según el escenario de cada jurisdicción.

Este análisis incluye la posibilidad de incorporar al radicalismo y a distintas fuerzas provinciales en algunos acuerdos. Aquí entra en juego un factor crítico: los gobernadores. Las conversaciones entre dirigentes nacionales de PRO y LLA no son suficientes; cada provincia presenta realidades políticas particulares que demandan negociaciones específicas a nivel local. Un acuerdo que funciona en una provincia podría resultar inaplicable en otra. El radicalismo, por su parte, representa una variable que ambos espacios intentan seducir, aunque sin garantías de éxito. La Unión Cívica Radical mantiene su autonomía relativa y sus decisiones sobre alianzas pueden variar según el distrito.

La provincia de Buenos Aires como epicentro de la disputa

Entre todos los territorios en cuestión, la provincia de Buenos Aires se perfila como escenario de mayor complejidad para definir el esquema electoral. La misma es un distrito donde tanto el PRO como La Libertad Avanza poseen antecedentes de competencia directa y donde los equilibrios de poder son particularmente sensibles. La Ciudad de Buenos Aires constituye otro frente central: allí el PRO gobierna, pero el espacio libertario ha ganado presencia electoral en los últimos comicios. Cómo se resuelva la cuestión en ambos territorios puede terminar definiendo la viabilidad de acuerdos en el resto del país.

Existe en el seno del macrismo cierta tensión ideológica que atraviesa estas negociaciones. Hay dirigentes que priorizan mantener una identidad partidaria fuerte y consideran fundamental competir con candidatos propios que expresen la marca PRO. Otros, en cambio, ven en una alianza con La Libertad Avanza una estrategia más pragmática para los próximos comicios: una confluencia que podría garantizar mejor performance electoral que la fragmentación. Esta divergencia no es meramente retórica; expresa visiones distintas sobre el futuro político del partido y su rol dentro del espacio no peronista. Para navegarla, la dirección del PRO apuesta a llegar a la mesa de negociaciones con un poder electoral consolidado que le permita discutir desde una posición de fortaleza, no como un espacio demediado.

Una recorrida de meses que construye presencia

El recorrido de Macri por el país comenzó formalmente en marzo de este año, cuando el PRO reunió a su núcleo duro en Parque Norte. Desde allí, la estrategia se desplegó hacia el interior mediante encuentros regionales diseñados para mantener activa la estructura del partido. El 17 de abril, el "Próximo Paso NEA" se realizó en Resistencia, con posterior actividad en Corrientes. Luego vinieron el Cuyo —en mayo con una escala en Mendoza que incluyó reunión con Alfredo Cornejo—, la región Centro en junio con encuentros en Entre Ríos y Santa Fe donde se vio con Rogelio Frigerio y Maximiliano Pullaro respectivamente, y la Patagonia. En paralelo, Buenos Aires recibió múltiples actividades del PRO, incluyendo actos en capital y Mar del Plata.

Esta secuencia refleja una lógica de construcción política de largo aliento. No se trata de una campaña electoral convencional, sino de un trabajo de reactivación territorial que busca que el partido tenga presencia activa en cada rincón del país. El objetivo declarado es que el PRO sea "competitivo en cada territorio", lo cual constituye un ambicioso desafío considerando que históricamente el partido ha tenido fortaleza principalmente en CABA y en ciertos municipios del conurbano bonaerense. Ahora, con Jujuy como próximo escenario —y luego vendrán otras provincias—, el partido intenta expandir su base política antes de que comience formalmente la contienda de 2027.

El desafío de ser socio sin desaparecer

El nudo de la estrategia macrista puede resumirse en una pregunta: ¿cómo confluir electoralmente con La Libertad Avanza sin que el PRO sea fagocitado por el espacio libertario? Los dirigentes del gobierno han hablado públicamente de la necesidad de construir acuerdos electorales amplios, y desde el PRO reconocen que esa posibilidad forma parte efectiva de las conversaciones. Sin embargo, ambos espacios parecen buscar un formato que no implique la absorción de uno en el otro. Para el PRO, esto significa llegar a negociaciones con un respaldo territorial demostrable: candidatos, estructura, votación propia en los últimos comicios. Para La Libertad Avanza, implica reconocer que una alianza es más valiosa si sus socios mantienen cierta independencia y no quedan reducidos a rótulos subordinados.

La realidad es que esta resolución no será uniforme en todo el país. En algunos distritos, el PRO y LLA ya tienen experiencias previas de trabajo conjunto o de competencia directa que condicionarán los acuerdos futuros. En otros, todo está por definirse. Los dirigentes locales tendrán un peso importante en esas definiciones, así como también los gobernadores, cuya voluntad política puede facilitar u obstruir alianzas entre fuerzas nacionales. Lo que está en juego es la arquitectura electoral de un espacio no peronista que históricamente ha sido fragmentado y que ahora busca presentarse más cohesionado ante el electorado. El acto en Jujuy del próximo 25 de septiembre será un termómetro de esa cohesión y de la capacidad del PRO para mantener viva su estructura de cara a los próximos dieciocho meses.

Las consecuencias de esta estrategia pueden desarrollarse en múltiples direcciones. Si el PRO logra consolidar una estructura electoral robusta y llega a acuerdos desde una posición de fortaleza, podría terminar siendo un actor relevante en gobiernos futuros, con capacidad de incidir en decisiones de política pública. Si, en cambio, llega debilitado a las negociaciones finales, corre el riesgo de que sus candidatos y dirigentes sean absorbidos por La Libertad Avanza bajo condiciones desfavorables. Por otro lado, una confluencia amplia del PRO y LLA podría resultar en un bloque electoral más competitivo que enfrente al peronismo, pero también podría generar divisiones internas en el macrismo si se percibe que se sacrificó la identidad partidaria. El próximo año será decisivo para conocer en qué dirección se inclina la balanza.