La ciudad cordobesa de Marcos Juárez se apronta a elegir nuevo intendente el próximo domingo en una jornada electoral que marca un giro en su trayectoria política. Lejos quedaron los tiempos en que esta localidad funcionaba como epicentro de definiciones partidarias y epicentro de la política nacional. Ahora, en circunstancias muy distintas a las de décadas previas, los vecinos deberán decidir entre siete opciones de gobierno local, en un escenario donde las principales fuerzas políticas nacionales han reducido su presencia territorial y donde la fragmentación caracteriza el mapa electoral.

Lo que resulta particularmente notable en esta contienda es la ausencia de La Libertad Avanza como fuerza electoral competidora. A diferencia de otros comicios municipales desarrollados en distintas regiones del país, el espacio libertario decidió no presentar candidato propio en Marcos Juárez, prefiriendo mantener una postura de observación. Según lo manifestado desde ese sector político, consideran tener afinidades con la mayoría de los postulantes que ya están en competencia, lo que explica su decisión estratégica de no desplegar recursos electorales en el distrito.

El candidato con más respaldos nacionales

Pedro Dellarosa, quien fue intendente en dos períodos anteriores (2014 y 2018), encabeza la fórmula de Marcos Juárez Puede e integra en su nómina a fuerzas como Unite y la Unión Vecinal Federal, estructuras vinculadas al peronismo cordobés. Su candidatura ha cosechado respaldos de figuras con trayectoria nacional: el senador Luis Juez participó en actividades de campaña, mientras que el expresidente Mauricio Macri y la dirigente Patricia Bullrich enviaron mensajes de apoyo grabados. En una de esas intervenciones, Macri destacó la gestión anterior de Dellarosa señalando que en espacios donde el PRO ejerció la gobernanza, la población vive en mejores condiciones, haciendo hincapié en que el candidato había sido pionero en ese proceso de transformación local.

La trayectoria de Dellarosa integra una narrativa compleja de permeabilidad política. Antes de regresar a su ciudad natal para encabezar esta candidatura, se desempeñó como funcionario del gobernador Martín Llaryora, ocupando carteras ministeriales en el área de la Producción e integrando el directorio del Banco Córdoba. Este pasaje por la administración provincial bajo un signo político diferente al que ahora lo respalda electoralmente constituye un ejemplo de la fluidez característica de los espacios políticos regionales cordobeses.

Un panorama fragmentado con candidatos de variada procedencia

Más allá de la candidatura de Dellarosa, el panorama electoral de Marcos Juárez se presenta con una multiplicidad de alternativas. Germán Font, quien se desempeñó como funcionario en la administración provincial, encabeza la lista de Generación M, respaldado por estructuras como el Vecinalismo Independiente y el Frente de Acción Solidaria, ambas de cercanía con el gobierno provincial. La UCR local presenta candidato mediante Gerardo Pasquali a través de Marcos Juárez Despierta, en un frente que rompió el acuerdo previo con Dellarosa y el Partido Demócrata. También compiten Verónica Crescente bajo una estructura vecinalista —la misma que hace cuatro años recibía apoyo del entonces gobernador Schiaretti—, Ana Elzaurdía con Una Nueva Oportunidad, Juan Carlos Escobar por el Partido Libertario y Jorge Bolcato con Encuentro Vecinal Córdoba.

La configuración de esta contienda refleja una realidad distinta a la que caracterizó momentos anteriores de la historia política de Marcos Juárez. Hace una década, precisamente en septiembre de 2014, cuando Dellarosa fue ungido como intendente en el cine-teatro de la Sociedad Italiana, el evento se transformó en un punto de inflexión nacional. En esa ocasión, estalló la expresión "se siente, se siente, Mauricio presidente", que sintetizaba las expectativas de un sector político que veía en esa elección local el puntapié inicial para lo que posteriormente cristalizaría en la conformación de Juntos por el Cambio a nivel nacional. Aquel resultado electoral trascendió las fronteras municipales y se convirtió en un laboratorio político donde dirigentes de distintas extracciones probaban estrategias, armaban coaliciones y validaban liderazgos que luego proyectaban hacia la política nacional.

En las elecciones posteriores a 2014, esa importancia se mantuvo. Marcos Juárez se transformó en un destino obligado para candidatos presidenciales y referentes de los principales espacios políticos. La ciudad era visitada asiduamente por figuras de relieve nacional, se realizaban actos multitudinarios y los resultados locales eran analizados como termómetro de tendencias más amplias. Esa dinámica proporcionaba a Marcos Juárez una relevancia que trascendía lo local e impactaba en cálculos políticos de envergadura nacional. No obstante, ese escenario ha mutado significativamente en los últimos años.

Una elección que representa un cambio de ciclo

Los comicios de este domingo marcan una diferencia sustantiva: la ausencia de presencia masiva de figuras nacionales, la no participación electoral de La Libertad Avanza y la fragmentación en siete candidaturas denotan una transformación en el rol que Marcos Juárez juega dentro de la geografía política argentina. Si bien siguen arribando respaldos de personalidades con gravitación nacional —como fue el caso de Macri, Bullrich y Juez—, la intensidad y el despliegue difieren notoriamente respecto de ciclos previos. Esto podría interpretarse como indicador de que la ciudad ha dejado de funcionar como espacio privilegiado donde se dirimen y proyectan las grandes disputas políticas que atraviesan al país.

Desde una perspectiva operativa, la elección de este domingo introduce también cambios en los procedimientos. El voto se realizará mediante Boleta Única Papel (BUP), un sistema que implica transformaciones en las dinámicas habituales de los comiciós. Simultáneamente, se han habilitado nuevos centros de sufragio en la localidad, por lo cual desde las autoridades electorales se ha realizado un llamado a los electores para que verifiquen sus datos en los padrones. Están habilitadas para votar 24.803 personas, cifra que de acuerdo a los registros censales locales representa aproximadamente ocho de cada diez habitantes en edad de ejercer sufragio.

Resulta particularmente interesante observar cómo, en caso de que Dellarosa resultase ganador de estos comicios, su triunfo podría ser reivindicado por múltiples espacios políticos como expresión de sus propios logros. El peronismo local, los sectores macristas, los libertarios y hasta el oficialismo provincial podrían encontrar en un eventual triunfo suyo las confirmación de sus apuestas estratégicas, dado el tránsito político del candidato por diferentes espacios y los respaldos que ha recibido desde distintas direcciones. Ello contrasta con la claridad con que, en 2014, la victoria de Dellarosa fue interpretada unívocamente como confirmación de la estrategia de Juntos por el Cambio y proyectada como omen de lo que vendría en el orden nacional.

Las consecuencias que emerjan de estos comicios pueden proyectarse en múltiples direcciones. Por un lado, un triunfo de cualquiera de los candidatos reafirmaría dinámicas políticas de larga data en Marcos Juárez o podría significar el surgimiento de nuevas fuerzas locales. Por otro lado, la menor repercusión nacional de esta elección podría consolidar la tendencia hacia una autonomización de la política municipal respecto de cálculos nacionales. Asimismo, la estrategia de La Libertad Avanza de no presentar candidato propio plantea interrogantes sobre si en el futuro ese espacio político buscará construir presencia territorial más activa en localidades como ésta o si mantendrá esta postura de observación estratégica. Los resultados electorales y su lectura en los medios especializados y las redes políticas permitirán evaluar si Marcos Juárez continúa siendo una referencia en la política nacional o si ha completado su transición hacia una elección municipal más, sin las connotaciones que antaño la caracterizaban.