Mientras la atención mediática se concentra en la batalla por el control del peronismo bonaerense entre dos sectores que se disputan la herencia política de décadas, existe otra trama que avanza en silencio dentro de la principal coalición opositora al gobierno de Javier Milei. Se trata de un movimiento que busca construir un tercio peronista, diferenciado tanto del kirchnerismo como del ala que responde al gobernador Axel Kicillof, y que encuentra en figuras como la diputada cordobesa Natalia de la Sota uno de sus principales puntos de apoyo territorial. La significancia de este proceso radica en que sugiere una reorganización profunda de fuerzas dentro de una fuerza política que permanece fragmentada, debilitada por conflictos internos que la mantienen marginada del debate sobre cómo enfrentar la gestión libertaria.
Los indicios de esta confluencia emergieron a través de un encuentro que tuvo lugar días atrás en Córdoba, cuando Juan Manuel Olmos, un referente porteño vinculado al espacio conocido como Parque Norte, realizó un viaje deliberado hacia la provincia mediterránea para mantener una conversación directa con De la Sota. El acto de trasladarse desde la capital hacia las provincias reviste importancia estratégica en la política nacional: no es habitual que dirigentes porteños salgan a buscar contactos en territorios distantes cuando podrían coincidir casualmente en las inmediaciones del Congreso, donde ambos mantienen despachos. Que Olmos se haya tomado un avión para este encuentro funcionó como una señal deliberada del interés genuino en construir una alianza que trascienda los límites de Buenos Aires. Durante el diálogo, ambos intercambiaron perspectivas sobre proyectos políticos y realizaron un diagnóstico compartido sobre el estado actual del peronismo como fuerza de oposición. Un punto neurálgico del encuentro fue la evaluación realizada por la diputada cordobesa respecto de la posibilidad de que el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, pueda ser incorporado a una estrategia peronista unificada contra Milei. De la Sota fue categórica al advertir que tal expectativa constituye una pérdida de energía política, lo que representa un contraargumento directo a los esfuerzos desplegados por Kicillof en los últimos tiempos para expandir su influencia hacia lo que se conoce como el "cordobesismo".
Una candidata que recorre provincias
La trayectoria reciente de Natalia de la Sota revela un patrón deliberado de construcción de presencia nacional. Más allá de su actividad legislativa en Córdoba, la diputada ha aceptado invitaciones para trasladarse a provincias como Santa Fe y Mendoza, mientras que simultáneamente ha intensificado su presencia en distritos bonaerenses considerados estratégicos, tales como La Matanza y Lomas de Zamora, aunque con una estrategia que privilegia el bajo perfil. Estos movimientos no obedecen al azar: en los círculos peronistas circulan especulaciones sobre el rol que De la Sota podría desempeñar en una eventual fórmula presidencial para 2027, particularmente en la posición de vicepresidenta. La hija del exgobernador José Manuel de la Sota cuenta con un equipo reducido pero operativo que la acompaña en sus viajes: entre sus colaboradores figuran Bernardo Knipscheer, su cónyuge y legislador provincial en Córdoba, así como Alejandro "Topo" Rodríguez, exdiputado nacional originario de Buenos Aires con un linaje histórico de vínculos con Roberto Lavagna, exministro de Economía durante gobiernos peronistas. Ambos participaron activamente en las conversaciones que Olmos mantuvo durante su estancia en la capital cordobesa.
Lo distintivo de la posición política que representa De la Sota reside en su separación clara de las opciones que dominan la escena peronista actual. A diferencia del peronismo cordobés tradicional, que ha mostrado cierta proximidad a sectores del liberalismo económico, ella no ha cultivado relaciones con los libertarios ni tampoco ha buscado acuerdos con el macrismo. Esta postura la coloca en un lugar de independencia relativa que genera expectativas entre dirigentes bonaerenses que monitorean con atención cada movimiento que realiza. Su perfil se caracteriza por una disposición a la confrontación directa contra las políticas del gobierno nacional: recientemente presentó una denuncia penal contra el ministro de Salud, Mario Lugones, por presuntos incumplimientos en prestaciones vinculadas a discapacidad, un gesto que refleja su disposición a cuestionar las decisiones del ejecutivo libertario desde ángulos específicos.
Massa, Pichetto y la amenaza de la fragmentación
Mientras este trabajo de consolidación territorial avanza, Sergio Massa, exministro de Economía y último candidato presidencial del peronismo en 2023, mantiene una postura que funciona simultáneamente como advertencia y como propuesta. A través de mensajes que trascienden en conversaciones dentro de las estructuras del partido, Massa ha señalado que la persistencia del enfrentamiento entre el kirchnerismo y el ala kicillofista podría generar una fragmentación mayor de lo que habitualmente se prevé. Su diagnóstico sugiere que, en lugar de consolidarse en dos candidaturas opuestas —un escenario que algunos analistas consideran probable si el conflicto entre ambos sectores llegara a su máxima expresión—, el peronismo podría acabar presentando tres fórmulas distintas en la carrera presidencial de 2027. En esa tercera opción, los massistas ubican al propio Massa como figura principal, al grupo de Parque Norte integrado por diputados como Victoria Tolosa Paz de Buenos Aires y Guillermo Michel de Entre Ríos, y a Natalia de la Sota como referente cordobesa que personifica la renovación.
Un actor cuya posición merece análisis especial es Miguel Pichetto, diputado que ha retornado recientemente a las filas del peronismo luego de períodos en otras opciones políticas. La ubicación de Pichetto dentro de este mapa resulta ambigua para varios sectores: mientras que algunos lo consideran un aliado del kirchnerismo —particularmente desde que ha manifestado su solidaridad con Cristina Kirchner y ha solicitado públicamente su liberación—, otros lo perciben como un elemento desalineado de esa corriente. Hace aproximadamente un mes, Pichetto coincidió con Massa en un encuentro en San José 1111, la residencia donde Cristina cumple con arresto domiciliario, un espacio que ha adquirido relevancia simbólica en la política peronista. Cuando fue consultado sobre su rol en este escenario de fragmentación potencial, Pichetto respondió con una declaración que sintetiza su postura: "Tenemos que unirnos de todas maneras". Esta expresión refleja una tensión que atraviesa a múltiples dirigentes peronistas: la necesidad de mantener ciertos compromisos de solidaridad con sectores históricos mientras se explora la construcción de nuevas síntesis políticas.
Juan Manuel Olmos personifica de manera particularmente clara esta contradicción. Como uno de los arquitectos principales del espacio de Parque Norte, su objetivo declarado consiste en reunir al peronismo más allá de las divisiones que genera la disputa kirchnerista en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, simultáneamente es uno de los pocos dirigentes no pertenecientes al kirchnerismo que mantiene contacto frecuente con Cristina en su prisión domiciliaria, y en un encuentro de su espacio en Entre Ríos manifestó públicamente su adhesión a la consigna "Cristina libre". Esta postura dual sugiere que la construcción de un tercer espacio peronista no implica necesariamente una ruptura abrupta con los símbolos y referentes históricos de la izquierda peronista, sino más bien una búsqueda de diferenciación en términos de proyecto económico y orientación política.
El peronismo federal que se gesta en esta etapa embrionaria se construye sobre la premisa de dejar atrás lo que sus impulsores consideran una etapa hegemónica del kirchnerismo. Las consignas que caracterizan a este nuevo espacio lo acercan hacia preocupaciones vinculadas a la producción agropecuaria, al desarrollo territorial y a sectores generadores de divisas como la minería y la energía. Para este grupo en formación, ni Cristina Kirchner ni Axel Kicillof representan las respuestas innovadoras que considera necesarias. Ambos son asociados con un pensamiento político que, en la evaluación de estos dirigentes, bifurcó hacia una orientación izquierdista que no responde a las demandas actuales. Esta lectura se impone progresivamente entre legisladores peronistas de origen provincial y entre la mayoría de los referentes massistas que responden al Frente Renovador. Natalia de la Sota encarna cabalmente esta línea de pensamiento, razón por la cual diversos actores políticos la impulsan a realizar un salto hacia el escenario nacional de mayor relevancia.
Reorganización versus parálisis
Las fuentes consultadas tras el encuentro entre De la Sota y Olmos en Córdoba sostienen que existe "un espacio con base en el interior del país que no está dispuesto a que el peronismo siga paralizado por la interna de la provincia de Buenos Aires". Esta expresión sintetiza el diagnóstico compartido por los actores que impulsan esta reorganización: la confrontación entre kirchnerismo y axelismo en Buenos Aires genera una parálisis que afecta la capacidad de la fuerza de oposición para presentar alternativas coherentes al gobierno nacional. El peronismo, según esta perspectiva, requiere salir de la dinámica de bloqueo mutuo que lo mantiene inerte desde hace años. La fotografía del encuentro entre De la Sota y Olmos funcionó como una declaración de intenciones, un mensaje de que existen otros caminos posibles más allá del enfrentamiento bonaerense.
Las consecuencias potenciales de esta reorganización son múltiples y abren diversos escenarios para la competencia electoral de 2027. Por un lado, la consolidación de un tercio peronista podría fortalecer a la oposición al permitir que sectores insatisfechos con las opciones tradicionales encuentren un espacio de canalización política, evitando la abstención o la migración hacia otras fuerzas. Por otro lado, la fragmentación en tres candidaturas diferentes podría debilitar significativamente la capacidad de competir del peronismo frente a otros espacios, especialmente si el voto opositor tiende a dispersarse. También existe la posibilidad de que este proceso genere dinámicas de negociación y acercamiento que termine en una recomposición parcial del movimiento antes de las elecciones, aunque esto dependerá crucialmente de cómo evolucione la interna bonaerense en los próximos meses. En cualquier caso, lo que se observa es un peronismo que intenta reorganizarse desde sus márgenes, buscando renovarse sin abandonar completamente su identidad histórica, en un contexto donde la oposición enfrenta el desafío de articularse coherentemente ante un gobierno que mantiene iniciativa política.
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