Tras casi tres años de bajo perfil mediático, Sergio Massa reactivó su presencia en la política argentina con movimientos que combinan la discreción estratégica y el posicionamiento territorial. El exministro de Economía protagonizó en las últimas horas dos encuentros de distinta envergadura: uno público, en un homenaje al fallecido gobernador cordobés José Manuel de la Sota, y otro de índole cerrada con intendentes bonaerenses. Estos gestos político-institucionales adquieren relevancia en un contexto donde el peronismo busca redefinirse tras la experiencia del Frente de Todos, mientras se avista el horizonte electoral de 2027 como un punto de inflexión para toda la oposición. La reaparición de Massa no representa un anuncio de candidatura explícita, sino más bien el despliegue de una arquitectura política destinada a construir consensos internos en la coalición gobernada históricamente por el movimiento peronista.

El mantra de la unidad competitiva

Durante sus conversaciones con intendentes bonaerenses en la zona de San Fernando, Massa repitió de manera sistemática una consigna que funciona como eje de su propuesta política: "Lo que tenemos que promover es la unidad con competencia". Esta fórmula remite directamente a la defensa de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo que permitiría al peronismo dirimir internamente sus diferencias mediante elecciones, tanto en el plano nacional como provincial. La insistencia en este mensaje revela una postura que se distancia de los esquemas de imposición candidata y busca legitimidad democrática en la resolución de conflictos internos. Massa propone, en esencia, que el peronismo establezca "reglas de juego" y "sistemas de acuerdos" capaces de generar consenso post-competencia, evitando así el desgarre que caracterizó al Frente de Todos en sus últimos años de funcionamiento.

La estrategia massista se articula en dos fases diferenciadas. Primero, la realización de una contienda electoral interna que determine quién encabezará la fórmula presidencial del peronismo en 2027. Segundo, una instancia de integración generalizada de los espacios en disputa que consolide el resultado de esa primaria y presente un frente unificado ante Javier Milei. Uno de los participantes en la cena de San Fernando sintetizó la idea con claridad: "Lo mejor que le puede pasar al peronismo es que sea una primaria la que defina al candidato". Este discurso contrasta con la fragmentación que atraviesa actualmente la coalición peronista, donde coexisten el gobierno bonaerense de Axel Kicillof, el sector kirchnerista encabezado por Máximo Kirchner, el Frente Renovador massista y la Liga de Intendentes como espacios con dinámicas propias y, frecuentemente, agendas encontradas.

Territorios y alianzas en movimiento

La cena reservada en San Fernando congregó a intendentes que responden a la Liga de Intendentes, un espacio político que se ha posicionado de manera progresiva como una alternativa dentro del peronismo bonaerense, por fuera de las disputas que protagonizan Kicillof y el sector kirchnerista. Concurrieron dirigentes como Federico Otermín (Lomas de Zamora), Nicolás Mantegazza (San Vicente) y Federico Susbielles (Bahía Blanca), además de Juan Andreotti, intendente de San Fernando, quien se perfila como candidato a gobernador impulsado por el Frente Renovador. Este elenco municipal representa una base territorial de considerable influencia en el conurbano bonaerense, zona históricamente sensible para cualquier competencia electoral en la provincia. La presencia de estos actores en la mesa con Massa subraya la importancia que adquieren los gobiernos locales en la construcción de consensos peronistas de cara a 2027.

Durante el encuentro, los intendentes plantearon a Massa la necesidad de apoyar un proyecto de reelección que permanece estancado en la Legislatura bonaerense. La respuesta del exministro fue cautelosa aunque no del todo adversa: afirmó que no constituiría un obstáculo, pero advirtió a sus interlocutores que observaran con atención los movimientos de la Corte Suprema de Justicia respecto de la duración de los mandatos. Massa aludía implícitamente al caso de Gildo Insfrán en Formosa, en el cual la Corte examina cuestiones vinculadas con los límites constitucionales a la reelección indefinida. Este comentario revela una prudencia política: Massa evita comprometerse con una medida cuya validez jurídica podría ser cuestionada por la máxima instancia judicial, pero tampoco cierra la puerta a los intendentes, reconociendo así su peso específico en la construcción política.

Silencios elocuentes y declaraciones medidas

Cuando uno de los intendentes interrogó directamente a Massa sobre el papel que está dispuesto a asumir en la contienda de 2027, la respuesta del exfuncionario económico resultó característica de su actual posicionamiento: mantiene la ambigüedad estratégica. Masa indicó, en palabras llanas, que se hallaba disponible para "ayudar a construir la unidad del peronismo en la provincia" y que aspiraba a "la unidad a nivel nacional", además de manifestar estar "enfocado en que el peronismo gane el año que viene". Sin embargo, esquivó cualquier confirmación explícita respecto de una eventual candidatura presidencial propia, limitándose a señalar que "mi lugar es una cuestión a decidir". Esta formulación, deliberadamente vaga, le permite mantener opciones abiertas sin generar expectativas específicas que podrían debilitar su posición negociadora.

Un elemento que llamó la atención durante la cena fue la invitación de Massa a aprender de los errores cometidos en la experiencia del Frente de Todos: "Aprendamos de lo que salió mal". Esta frase encierra una crítica implícita a la gestión de Alberto Fernández y, más oblicuamente, al papel desempeñado por Cristina Kirchner como vicepresidenta en ese gobierno. Massa, quien ocupó el ministerio de Economía en los últimos meses de esa administración, parece reivindicar en su propuesta el aprendizaje de esa experiencia traumática, proponiendo esquemas institucionales más robustos y menos proclives a la confrontación interna. Los intendentes, por su parte, aprovecharon el espacio para formular críticas respecto de la gestión kicillofista en la provincia, aunque coincidieron con Massa en una lectura más estructural: ambos reconocieron que la caída de recursos fiscales afecta tanto al gobierno de La Plata como a los municipios, y que la provincia debe transitar un cambio en su relación con el gobierno nacional en materia de coparticipación impositiva.

El homenaje a De la Sota y sus ausencias significativas

Horas antes de la cena con intendentes, Massa participó en un acto público de mayor visibilidad: el homenaje a José Manuel de la Sota en ocasión de cumplirse ocho años de su muerte. El evento, realizado en el hotel Savoy del centro porteño, fue organizado por Candelaria de la Sota, hija del exgobernador cordobés. En la mesa convivieron figuras de distinta filiación peronista: el gobernador de Córdoba Martín Llaryora, su antecesor Juan Schiaretti, el senador por Santiago del Estero Gerardo Zamora, representantes del Peronismo Federal, y Carlos Bianco, funcionario de confianza de Kicillof. La ausencia más relevante fue la de Natalia de la Sota, diputada e hija del fallecido, quien no concurrió al homenaje. Este vacío, aunque no fue explicitado públicamente, sugiere tensiones internas incluso en el círculo familiar de De la Sota, reflejando las divisiones que caracterizan al peronismo contemporáneo.

Asimismo, el acto contó con participaciones de personalidades del mundo empresarial, sindical y religioso. José Luis Manzano, empresario cercano a círculos políticos de peso, el economista Martín Redrado, y el padre Pepe Di Paola, figura relevante en diálogos sociales, enviaron testimonios. Entre los presentes figuraron el exjuez de la Corte Juan Carlos Maqueda, de origen cordobés; la diputada Victoria Tolosa Paz; el sindicalista Luis Barrionuevo; y el banquero Jorge Brito, expresidente de River Plate. Estos últimos dos han sido mencionados en círculos políticos como posibles candidatos presidenciales. El abanico de asistentes reveló una intención de Massa de posicionarse en un espacio amplificado, no kirchnerista, pero tampoco explícitamente anti-Kicillof, sino más bien en una zona gris donde conviven múltiples actores peronistas.

El movimiento de las piezas en el tablero 2027

Mientras Massa consolidaba su reaparición política con estos dos encuentros, otros actores peronistas avanzaban en sus propios posicionamientos electorales. El gobernador Kicillof se encontraba visitando la provincia de Misiones, territorio donde construye visibilidad de cara a una eventual candidatura presidencial. Simultáneamente, la Liga de Intendentes preparaba su próximo encuentro: la recepción del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, quien también se ha anotado en la carrera por la candidatura presidencial del peronismo en 2027. Este movimiento de figuras presidenciables por distintos territorios bonaerenses expresa una contienda incipiente, donde cada sector peronista busca consolidar bases de apoyo y legitimidad territorial.

El contexto en el cual se despliegan estos movimientos resulta complejo. El peronismo suma a sus conflictividades internas los desafíos de una gestión provincial donde los recursos fiscales se han contraído de manera significativa, afectando tanto a municipios como al gobierno de La Plata. Además, existe preocupación respecto de indicadores sociales: el endeudamiento de familias para solventar servicios básicos de sus viviendas ha adquirido magnitudes considerables, reflejando tensiones económicas que trasciendan la mera coyuntura electoral. Este telón de fondo económico y social confiere un carácter urgente a la cuestión de quién liderará la respuesta opositora al gobierno nacional en 2027.

Perspectivas abiertas y análisis de consecuencias posibles

La reaparición de Massa y sus movimientos territoriales generan múltiples lecturas según la óptica desde la cual se observen. Para ciertos sectores peronistas, la propuesta de Masa de competencia electoral regulada por PASO representa una salida institucional y democrática a la fragmentación actual, evitando tanto imposiciones como rupturas definitivas. Este enfoque enfatiza la posibilidad de que el peronismo resuelva sus diferencias internas sin destruir su capital político agregado. Sin embargo, desde otras perspectivas, la estrategia massista podría interpretarse como un intento de capitanear una tercera vía peronista que se posicione equidistantemente entre el kirchnerismo y el kicillofismo, buscando así ocupar un espacio mediano pero determinante en la resolución final. La realidad de 2027 mostrará si esta arquitectura de acuerdos logra consolidarse o si, alternativamente, profundiza las fragmentaciones existentes. Lo que sí resulta evidente es que el peronismo, a diferencia de períodos anteriores, ya no puede permitirse el lujo de una competencia cuya resolución deje ganadores absolutos y perdedores totales: la amenaza de una derrota electoral común ante Milei actúa como factor disciplinante, aunque insuficiente para garantizar la cohesión.