Un regreso sin antecedentes personales
La reactivación política de Máximo Kirchner marca un punto de inflexión en la estrategia del peronismo frente al escenario que abre la gestión libertaria. Luego de meses de relativo retiro, el diputado nacional ha optado por salir a recorrer territorios, visitando localidades del sur santafesino y participando en actos públicos que lo posicionan nuevamente como referente visible de su sector. Este movimiento no es menor: sucede en un contexto donde la única certeza que organiza el debate político es la convicción de que los próximos dieciocho meses traerán una contracción económica severa, no una recuperación como sostiene la administración nacional. Máximo Kirchner ha decidido que es momento de reposicionarse, aunque asegure públicamente que no busca competir por una candidatura presidencial en 2027. Sus desplazamientos territoriales, sin embargo, cuentan otra historia: la de un actor que intenta reconstruir su influencia en un peronismo fragmentado y sin liderazgos consolidados que reemplacen a los históricos.
Las certezas que ordenan el futuro
Dos convicciones estructuran el pensamiento político de Máximo Kirchner y determinan su estrategia hacia adelante. La primera tiene que ver con la trayectoria de la economía bajo las políticas actuales: no habrá mejora, insiste, sino una caída pronunciada que modificará las condiciones de vida de amplios sectores. La segunda es aún más determinante para cualquier gobierno que asuma en 2027: el próximo presidente se encontrará con un cronograma de pagos de deuda externa que resulta incompatible con una política social inclusiva sin una renegociación del acuerdo sostenido con el Fondo Monetario Internacional. Es justamente el acuerdo que él rechazó durante el gobierno de Alberto Fernández, llevándolo incluso a renunciar a su rol como presidente del bloque de diputados. Esa posición de entonces contrasta con su presente: ahora argumenta que la complejidad de la situación fiscal obliga a explorar consensos que hace poco parecían inaceptables. El diagnóstico que formula en encuentros con gobernadores peronistas y dirigentes sindicales es inequívoco: "El que gane tiene que saber que deberá tomar decisiones que le van a generar enemigos poderosos". Es un aviso que parece dirigido tanto a sus propios aliados como a potenciales adversarios sobre la naturaleza de las decisiones que vendrán.
En Santa Teresa, durante uno de sus recorridos recientes, Máximo Kirchner articuló públicamente su visión de lo que debe ser la construcción política de cara al futuro. Rechazó explícitamente una estrategia defensiva centrada simplemente en la oposición al modelo actual. En su lugar, propuso pensar "de manera más positiva" y construir "a favor de los intereses de la mayoría", no contra la gestión en curso. Esta reformulación del discurso indica que busca posicionarse por encima de las polarizaciones que caracterizaron ciclos anteriores, aunque la realidad de sus conflictos internos muestre un escenario bastante más complejo.
Kirchnerismo económico: entre la nostálgica y la necesidad
En encuentros reservados, Máximo Kirchner apela a la herencia de gobiernos anteriores para reconstruir una narrativa que le permita conectar con sectores empresariales desencantados con la actual administración. Sostendrá que durante los mandatos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner "fuimos cultores de las cuentas ordenadas del Estado". Añade que siempre fueron "pro empresas, pro industria nacional, también en las malas". Para anclar esta afirmación en hechos concretos, menciona el crédito de setenta millones de dólares otorgado a General Motors en 2009 con el objetivo de impedir su cierre. Sin embargo, no rehúye la crítica a los desviaciones que esa intervención estatal provocó. Reconoce que algunos sectores, como el textil, se "excedieron" aprovechando la protección, lo que generó distorsiones en la economía. Su propuesta es recuperar ese modelo de apoyo selectivo a la industria nacional, pero con criterios más rigurosos y mecanismos de control que eviten el mal uso de recursos públicos.
Esta búsqueda de conexión con el mundo empresarial se ve facilitada por el deterioro de indicadores económicos bajo la gestión actual: consumo deprimido, cierre de establecimientos industriales, inflación persistente. Para Máximo Kirchner, estos datos abren una ventana que el peronismo debe aprovechar, no para volver mecánicamente al pasado, sino para ofrecer un modelo de desarrollo que combata el presente sin pretender revivir exactamente lo que fue. En paralelo, ha impulsado un proyecto legislativo que procura introducir modificaciones en la zona núcleo agroindustrial del país. El instrumento es la recreación del Fondo Federal para el Desarrollo Nacional, que redistribuiría el 60% de lo recaudado a través de retenciones a la soja y derivados, pero asignando mayor peso relativo a las provincias productoras. Esta iniciativa busca resolver una contradicción histórica del modelo extractivista argentino: cómo compatibilizar la generación de recursos con una distribución más equitativa que beneficie a quienes efectivamente participan en la producción.
La cuestión de la libertad de prensa como oportunidad política
Otro eje en el que Máximo Kirchner busca reposicionarse tiene que ver con la crítica a los ataques constantes de Javier Milei dirigidos contra periodistas, ya sea de forma genérica o mediante ataques nominales. Esta es una puerta que, paradójicamente, el kirchnerismo puede atravesar a pesar de su propia historia conflictiva con sectores de la prensa. En encuentros con dirigentes de espacios aliados, el diputado nacional enfatiza que durante los gobiernos peronistas se derogaron tipos penales como calumnias e injurias del Código Penal, se votó a favor de legislaciones que protegían el estatuto del periodista profesional y se avanzó en marcos regulatorios que, aunque controvertidos, buscaban garantizar la pluralidad informativa. Paradójicamente, mientras critica los ataques de Milei a los medios, intenta obviar que las tensiones entre su sector político y medios no alineados generaron enfrentamientos severos. Sin embargo, la lógica política es clara: si la administración actual erosiona relaciones con actores de poder fáctico como los medios de comunicación, eso crea espacios para que sus críticos se posicionen como defensores de libertades fundamentales.
La grieta irreconciliable con Axel Kicillof
El problema más inmediato que enfrenta Máximo Kirchner en su reconstrucción política es su profundo distanciamiento con Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Para una porción mayoritaria del electorado peronista, Kicillof se ha convertido en sinónimo de peronismo en el presente, un líder que gobierna la provincia más poblada del país y que, en las percepciones ciudadanas generales, encarna la alternativa al modelo libertario. Sin embargo, entre Máximo Kirchner y el gobernador existe una ruptura profunda que lleva más de un año sin mediaciones directas. El último contacto entre ambos ocurrió durante la discusión sobre el desdoblamiento de las elecciones provinciales en 2025, cuestión que el sector cristinista rechazaba pero que Kicillof decidió impulsar de todas formas. Esa desobediencia fue el punto de quiebre, aunque los antecedentes de tensión son mucho anteriores y más profundos.
Durante los gobiernos de Cristina Kirchner, tanto Máximo como otros cercanos colaboradores recibían reprimendas directas cuando la presidenta consideraba que se desviaban de los lineamientos estratégicos. Máximo y Eduardo "Wado" de Pedro salían de esas conversaciones afectados. Kicillof, en cambio, mostraba una impermeabilidad que sus detractores interpretaban como soberbia o desinterés. En la jerga de La Cámpora, comenzaron a referirse a él como el "niño burbuja", reflejando la percepción de que el economista ignoraba consejos y directivas. Esa caracterización, según el relato que circula en círculos cercanos a Máximo, explica en buena medida por qué Kicillof posteriormente desatendió planteos y no "articuló políticas" coordinadas. El quiebre definitivo vino el 17 de octubre de 2024, cuando Kicillof encabezó un acto por el Día de la Lealtad Peronista en Berisso sin participación de La Cámpora ni el espacio massista, pero desde el escenario propuso abiertamente "la construcción de una alternativa superadora" al kirchnerismo. Esa frase, dirigida al peronismo, fue leída como una declaración de independencia política.
A pesar de esta fractura, en círculos cercanos a Máximo Kirchner se especula sobre una posible salida transaccional. La propuesta que circula contempla el adelantamiento de las elecciones bonaerenses de 2027 en simultaneidad con los comicios presidenciales, lo que eliminaría el efecto del arrastre bonaerense que beneficiaría a Kicillof si fuese candidato presidencial. En ese escenario, otros nombres suenan como posibles candidatos a gobernador por líneas afines al kirchnerismo: Eduardo "Wado" de Pedro, Mariel Fernández, Mayra Mendoza, Federico Otermin o Federico de Achával son opciones que rondan en las conversaciones estratégicas. Máximo, públicamente, descarta su propia candidatura presidencial, aunque sus desplazamientos territoriales sugieran lo opuesto. Él mismo es consciente de que la causa Hotesur y Los Sauces, en la cual está procesado, podría reactivarse en medio de una campaña electoral, lo que complicaría su viabilidad como candidato. Por eso, la estrategia que articula es más la de reorganizador de alianzas que la de abanderado de su propio proyecto.
Consensos imposibles y condicionalidades futuras
Más allá de los rencores que caracterizan la relación entre Máximo Kirchner y Kicillof, el primero ha expresado públicamente su disposición a integrar un frente electoral para 2027 que incluya al gobernador y a todas las "tribus peronistas" detrás de un programa de gobierno unificado. Sin embargo, esa disposición viene acompañada de condicionantes que funcionan casi como pruebas de lealtad. Máximo Kirchner exige que potenciales aliados comiencen "a dar muestras ahora de estar acá", haciendo referencia a votaciones legislativas y respaldos a medidas que, según su evaluación, afectarán negativamente los años venideros. Menciona específicamente el pago adelantado con quitas en el impuesto a Bienes Personales, la implementación del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), la aprobación de la ley de glaciares y la derogación de normativas sobre protección del fuego. Cada uno de estos puntos funciona como un marcador de dónde ha estado cada gobernador peronista en las votaciones cruciales. La idea subyacente es que la construcción de 2027 no puede incluir a actores que hayan traicionado los principios básicos que organiza el peronismo mientras este estaba fuera del gobierno nacional.
En el acto por el Día del Trabajador en Cañuelas, donde Máximo Kirchner volvió a mostrarse públicamente de manera activa, reafirmó el diagnóstico central que organiza toda su estrategia política. "Es imposible pagar estos vencimientos y que al mismo tiempo la sociedad argentina viva bien", afirmó en diálogo con medios. Reformuló la pregunta que considera central para el debate nacional: "¿Cómo vamos a hacer? Después aparecen diciendo 'vamos a subir los salarios y las jubilaciones'. ¿Con este nivel de vencimientos actual cómo vamos a hacer?". Es una interrogación que rechaza tanto la retórica de mejora económica del gobierno actual como las promesas ingenuas de campaña que históricamente realiza la oposición sin presentar un plan concreto para compatibilizar demandas sociales con restricciones externas. Máximo Kirchner está, en definitiva, planteando la necesidad de un debate de fondo sobre qué es posible y qué no es posible en la Argentina de los próximos años, independientemente de quién gobierne.
Las implicancias abiertas de este movimiento político
El retorno activo de Máximo Kirchner a la arena política plantea interrogantes sobre múltiples dimensiones del peronismo argentino de cara a 2027. Por un lado, su reposicionamiento como referente visible puede funcionar como factor de reorganización de sectores que se sienten huérfanos tras la inhabilitación de Cristina Kirchner y la fragmentación que siguió a los comicios de 2023. La propuesta de pensar en términos positivos y no meramente defensivos frente a Milei abre un espacio discursivo que trasciende la lógica amigo-enemigo que caracterizó ciclos previos. Al mismo tiempo, sus desplazamientos territoriales y su participación en actos públicos refuerzan la hipótesis de que, más allá de sus negaciones formales, Máximo Kirchner mantiene viva la posibilidad de disputar la candidatura presidencial si las circunstancias políticas lo permiten. La causa Hotesur y Los Sauces actuaría como factor limitante pero no necesariamente determinante si el escenario electoral le resulta favorable. Por otro lado, la profundización del conflicto con Kicillof introduce un elemento de incertidumbre sobre la viabilidad de construir una coalición peronista amplia para 2027. Si prevalece la lógica de confrontación, la fragmentación del principal espacio opositor podría beneficiar indirectamente a actores no peronistas. Si, en cambio, prevalecen las lógicas transaccionales que Máximo Kirchner parece estar explorando, existe la posibilidad de que el peronismo logre presentarse unificado en 2027. El resultado final dependerá tanto de decisiones que tomen los actores políticos principales como de la evolución de variables económicas y sociales que escape a su control directo. En cualquier caso, el retorno activo de Máximo Kirchner al protagonismo político marca el inicio de un nuevo ciclo de definiciones que determinará no solo quién compite por la presidencia, sino cómo el peronismo se redefine a sí mismo



