La inflación volvió a trepar y el Gobierno lo sabe. Pero lejos de esquivar el tema, Javier Milei lo puso en el centro de su discurso durante la cena anual de la Fundación Libertad, celebrada en Parque Norte ante más de mil invitados. Lo que estaba en juego no era solo un número de precios al consumidor: era la credibilidad del modelo económico que el Presidente defiende desde que asumió. Y Milei lo dejó en claro desde el arranque: no hay marcha atrás, no hay revisión del esquema, no hay concesiones. "No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia", afirmó con contundencia en un discurso que se extendió por más de una hora y atravesó desde la teoría monetaria hasta la gestión de la pandemia, pasando por la deuda pública, el kirchnerismo y el intento de ataque contra Donald Trump en Washington.
Un escenario político y económico de alto voltaje
El evento de la Fundación Libertad tiene una larga historia como punto de encuentro del pensamiento liberal en la Argentina. Fundada en 1988 en Rosario, la institución lleva décadas organizando foros, publicando investigaciones y reuniendo a figuras del ámbito político, empresarial e intelectual de todo el continente. Esta edición no fue la excepción: entre los presentes estuvieron el expresidente Mauricio Macri, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado Federico Sturzenegger, el ministro del Interior Diego Santilli, el ensayista peruano Álvaro Vargas Llosa y la dirigente venezolana María Corina Machado, quien participó de manera remota desde Caracas. El contexto no era menor: la Argentina acaba de atravesar elecciones legislativas en la Ciudad de Buenos Aires, la inflación mensual mostró un repunte que preocupa a una parte de la coalición gobernante y el Gobierno enfrenta el desafío de sostener el superávit fiscal mientras negocia con el Fondo Monetario Internacional y busca profundizar la apertura comercial. En ese marco, Milei habló desde las 21.45 hasta las 23 horas y recibió el premio Libertad 2026 de manos de Alberto Benegas Lynch (h), uno de los referentes intelectuales del liberalismo clásico en el país.
El Presidente arrancó con una señal de solidaridad hacia Trump tras el incidente durante la cena anual de corresponsales en la Casa Blanca. "Quiero expresar mi más enérgico repudio al intento de asesinato contra Trump", sostuvo, y aprovechó para instalar una tesis más amplia: que la violencia política contra el mundo liberal no es un hecho aislado sino una tendencia. "Estamos ante un nuevo auge de la violencia política contra el mundo libre. Hay muchos que no toleran perder la batalla en las urnas. Esas personas no son compatibles con la democracia", señaló. Desde allí, trazó una línea directa hacia lo que consideró una reconversión del marxismo después de la caída del Muro de Berlín en 1989: "Lo que hizo el marxismo fue reconstruirse y dar la batalla cultural en otros aspectos. Trasladó la lucha de clases a otro tipo de debates de la sociedad. Terminaron tomando la escena". Para Milei, ese proceso cultural es el trasfondo ideológico de buena parte de la resistencia que enfrenta su administración.
La inflación: diagnóstico, responsables y promesa
El punto más esperado de la noche era la explicación oficial sobre el repunte inflacionario. Milei no lo esquivó, pero tampoco lo admitió como un fracaso del programa. Su lectura fue precisa y polémica al mismo tiempo: el alza de precios no se explica por fallas en la política económica sino por una reacción política orquestada luego de la victoria de Manuel Adorni en la Ciudad de Buenos Aires. "Lo que hubo a partir de la elección fue un saboteo enorme, donde coordinaron empresaurios, medios de comunicación, políticos y opinadores, para destruir el programa económico. Quisieron destruir el equilibrio fiscal", afirmó. Describió ese proceso como un "ataque especulativo" sin precedentes que llevó el riesgo país a 1500 puntos y provocó una caída en la demanda de dinero junto con los pasivos monetarios. Sin embargo, subrayó que el programa resistió. "Pudimos mantenernos a flote por la solidez del programa", sostuvo, y rechazó la lectura de que la estabilización posterior se debió a un salvataje externo. "Los deshonestos intelectualmente dicen que nos salvó Estados Unidos", disparó.
Sobre el número concreto de inflación, fue directo: "33% es un número horrible". Pero inmediatamente lo contextualizó dentro de una tendencia más larga de desinflación que, según su análisis, fue interrumpida artificialmente. Y lanzó su pronóstico: "El número es horrible, pero lo vamos a derrotar. La base monetaria sigue siendo la misma, por lo tanto, en algún momento va a caer". La promesa fue acompañada de una defensa de la teoría cuantitativa del dinero, piedra angular del enfoque monetarista que el equipo económico aplica: si la cantidad de dinero no crece, la inflación no puede sostenerse en el tiempo. "Vamos a seguir haciendo lo que dice la teoría económica y la evidencia empírica", afirmó. Este enfoque tiene antecedentes históricos en la Argentina —el Plan de Convertibilidad de los años '90 también apeló a anclas nominales para quebrar la inercia inflacionaria— aunque las condiciones de partida y los instrumentos elegidos son distintos en este caso.
Al hablar del kirchnerismo y la deuda pública, Milei recurrió a cifras que su gobierno utiliza con frecuencia para situar el punto de partida de la gestión. "Durante el gobierno de Mauricio Macri, la deuda subió en 60.000 millones de dólares. Quiere decir que los 320.000 millones de dólares restantes son todos del kirchnerismo. Si hay alguien que ha endeudado a este país, comprometiendo a las generaciones futuras, es el kirchnerismo", sostuvo. Y agregó que durante su administración la deuda cayó en 10.000 millones de dólares. En cuanto al gasto público, señaló que el tamaño del sector público nacional se redujo alrededor de 15 puntos del PBI, aunque aclaró que la comparación histórica requiere ajustar por lo que describió como "el acto de populismo salvaje" de otorgar jubilaciones sin aportes durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, decisión que —según su lectura— infló artificialmente el peso del Estado.
Hitos legislativos, salarios y el costo del ajuste
En el tramo final de su intervención, Milei enumeró lo que consideró los logros más significativos de su administración en materia legislativa y social. Entre ellos mencionó la aprobación de la ley de modernización laboral, el déficit cero, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur —que lleva décadas de negociaciones y representa uno de los tratados de libre comercio más grandes del mundo—, la ley de Glaciares y la baja en la edad de imputabilidad. "En un mes y medio, sacamos más leyes que en los últimos 40 años", afirmó. También reivindicó la reducción de la pobreza: "Sacamos a 14 millones de personas de la pobreza", sostuvo. Respecto al impacto del ajuste sobre los ingresos, señaló que el sector público absorbió el costo y agregó un dato personal: "Soy el único que no se modificó el sueldo desde que asumí. Soy el presidente que menos gana en América". Al mismo tiempo, remarcó que el consumo privado alcanzó niveles récord y que no hay déficit de cuenta corriente, como señales de que la economía real se está recuperando. Arremetió además contra el expresidente Alberto Fernández por el manejo de la pandemia y el denominado vacunatorio VIP, afirmando que decisiones tomadas en ese período costaron la vida de 130.000 argentinos.
Las palabras de Milei en Parque Norte dejan abiertos varios interrogantes hacia adelante. Si la inflación retoma la senda descendente en los próximos meses, el relato oficial quedará validado y el argumento del "sabotaje" ganará peso político. Si, en cambio, los precios se mantienen elevados o vuelven a escalar, la presión sobre el equipo económico aumentará y la discusión sobre la eficacia de la ortodoxia monetaria volverá al centro del debate. Por otro lado, la lectura que hace el Gobierno sobre la dinámica política —que actores del sector privado, medios y dirigentes coordinaron para desestabilizar el programa— es una hipótesis que divide a los analistas: algunos la encuentran verosímil en el contexto de tensión poselectoral, otros la consideran una explicación que transfiere responsabilidades hacia afuera del Ejecutivo. Lo que sí parece claro es que el Gobierno no tiene intención de modificar el esquema de política económica en el corto plazo, independientemente de los resultados de corto plazo. El escenario de las próximas semanas, con datos de inflación, niveles de reservas y el ritmo de la actividad económica, será el verdadero termómetro de hasta dónde resiste esa convicción.



