Antes de hablar de candidatos, Ricardo Quintela quiere hablar de ideas. El gobernador de La Rioja lleva meses recorriendo el interior del país con una convicción que repite en cada foro partidario: el peronismo no puede llegar a 2027 con los mismos argumentos que lo llevaron a la derrota en 2023 y en 2025. Pero su diagnóstico sobre qué salió mal y qué debe cambiar está lejos del mea culpa que algunos sectores del movimiento reclaman en voz alta. Para Quintela, el problema no fue solo el peronismo, sino todo el sistema político argentino. Y esa lectura, polémica o no, es el punto de partida desde el cual empieza a construir su propio espacio dentro de un partido que todavía no encontró su norte.

Un diagnóstico que incomoda: "La gente no votó a favor de Milei, votó en contra de todos"

Cuando se le pregunta por qué Javier Milei ganó la presidencia en 2023, Quintela no duda: sostiene que no fue una elección a favor del actual mandatario nacional, sino un voto de rechazo generalizado hacia toda la clase dirigente, sin distinción de color político. En su visión, el radicalismo, el PRO, Juntos por el Cambio, la izquierda y el propio peronismo quedaron todos englobados en ese repudio. "La gente buscó algo distinto", señala, y describe al actual presidente como alguien que planteó una conducta que considera inapropiada para el cargo. No ahorra palabras al respecto: afirma que el comportamiento presidencial le genera vergüenza y que la forma en que el Ejecutivo se dirige tanto a la ciudadanía como a la oposición constituye una falta de respeto difícil de encontrar en la historia reciente. Sobre la derrota legislativa de 2025, la lectura cambia de eje: ya no fue el rechazo general, sino lo que él llama "el despertar del antiperonismo". Según Quintela, la elección anticipada en la provincia de Buenos Aires activó ese voto negativo que se unificó para bloquear cualquier posibilidad de retorno del PJ. Una interpretación que, inevitablemente, desplaza la autocrítica hacia factores externos.

Este enfoque tiene consecuencias directas sobre cómo el gobernador riojano imagina la reconstrucción del movimiento. Si la derrota no fue culpa exclusiva del peronismo, entonces la solución no pasa por un giro ideológico ni por el abandono de sus figuras más icónicas. Pasa, en cambio, por construir una propuesta superadora que "enamore" a una sociedad que, en su diagnóstico, no rechazó las ideas del justicialismo sino su encarnación concreta en una gestión que no estuvo a la altura. Ese matiz —sutil pero significativo— marca toda su estrategia de cara a los próximos dos años.

Caras nuevas con historia: el modelo de recambio que propone el riojano

Uno de los puntos más reveladores de la posición de Quintela es su idea de renovación. Admite que hacen falta nuevas figuras, pero agrega una condición que suena casi a paradoja: esas caras nuevas deben tener experiencia. En ese marco, apunta directamente a los gobernadores provinciales como el semillero más genuino del peronismo, precisamente porque tuvieron que gestionar en condiciones adversas, con transferencias nacionales recortadas y obras paralizadas. Es una reivindicación implícita de su propio perfil y del de sus pares, muchos de los cuales llevan años administrando provincias con presupuestos ajustados y sin el oxígeno que históricamente proveyó la Nación.

En ese contexto, la figura de Axel Kicillof emerge con fuerza. Quintela reconoce abiertamente que tiene una relación cercana con el gobernador bonaerense, lo que lo lleva a advertir que no puede ser objetivo al evaluarlo. Sin embargo, subraya que Kicillof logró desenvolverse en la provincia más populosa y económicamente compleja del país, golpeada además por la reducción de fondos de coparticipación. También deja en claro que, a pesar de las críticas que recibe desde distintos sectores, lo considera un peronista genuino. Junto a Kicillof, menciona a Sergio Massa y al exgobernador sanjuanino Sergio Uñac como nombres que no descarta para la competencia presidencial. Y se incluye a sí mismo: "Yo quisiera ser candidato a presidente", dice sin eufemismos, aunque aclara que por ahora su energía está puesta en el armado político previo, no en la candidatura en sí.

En ese armado, Quintela defiende con convicción la vigencia de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias —las PASO— como el mecanismo para dirimir la interna peronista. En un momento en que el Gobierno nacional impulsa su eliminación, el gobernador riojano se para en la vereda opuesta: considera que las primarias son el instrumento más transparente y democrático para que el peronismo elija a su candidato sin que la disputa se resuelva en acuerdos de cúpula. Esta posición también lo diferencia de quienes prefieren una salida negociada, sin exposición pública de las diferencias internas.

El rol de Cristina y la pregunta que divide al peronismo

Sobre Cristina Fernández de Kirchner, Quintela no esquiva el bulto. La define como "la líder más importante que tiene el peronismo" y afirma sin rodeos que el armado que imagina debe incluirla. Cuando se le pregunta por su detención, también es directo: considera que está "injustamente detenida" porque, a su entender, no existen pruebas suficientes para la condena. En ese punto introduce una comparación que considera reveladora: señala que quienes tomaron deuda externa en condiciones cuestionadas nunca enfrentaron una rendición de cuentas equivalente, en alusión a la gestión del expresidente Mauricio Macri y al crédito tomado con el Fondo Monetario Internacional. También menciona al actual secretario del Tesoro de Estados Unidos, en referencia al préstamo que habría permitido al entonces candidato Javier Milei financiar su campaña electoral, aunque sin aportar precisiones documentadas. Son afirmaciones que Quintela lanza al debate sin desarrollarlas en profundidad, pero que sirven para enmarcar su argumento central: que hay una selectividad en la aplicación de la justicia que perjudica al kirchnerismo.

Más allá de la valoración jurídica, la inclusión de Cristina Kirchner en el armado que propone Quintela tiene implicancias políticas concretas. Significa que no apuesta por una refundación del peronismo que prescinda de su ala más identificada con el ciclo 2003-2015, sino por una síntesis que incorpore esa historia sin quedar atrapada en ella. Esa operación es, históricamente, una de las más difíciles que puede intentar el justicialismo: integrar sin subalternizar, renovar sin renegar. El peronismo ya lo intentó en distintos momentos desde el regreso de la democracia, con resultados dispares. La pregunta es si las condiciones actuales —con un gobierno nacional que actúa como factor de cohesión opositora— ofrecen un terreno más fértil que en el pasado.

Lo que viene es incierto, como siempre en la política argentina. Si el peronismo logra construir la unidad que Quintela describe, tendrá que resolver quién encabeza esa coalición y con qué programa concreto enfrenta una sociedad que en dos elecciones consecutivas eligió otras opciones. Si fracasa en ese armado, el escenario de fragmentación que ya se vislumbra podría consolidarse, dejando al espacio dividido entre facciones que compiten entre sí en lugar de disputarle el poder al oficialismo. Para algunos analistas, la dinámica electoral de 2027 dependerá menos de lo que haga el peronismo y más de cómo evolucione la economía bajo la gestión actual. Para otros, la oposición tiene una ventana de oportunidad que se cierra si no actúa con rapidez y coherencia. En ese cruce de variables, las declaraciones de Quintela funcionan como un mapa preliminar de intenciones: ambicioso, inclusivo, y todavía sin el candidato que lo haga creíble ante el electorado que el peronismo necesita recuperar.