La propuesta de eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias genera grietas inesperadas en el tablero político nacional. No se trata de una oposición frontal de la bancada oficialista, sino de cuestionamientos que surgen desde espacios que podrían considerarse cercanos al Ejecutivo. Cristian Ritondo, quien encabeza el bloque de diputados del PRO, planteó públicamente que la administración incurrió en una falta de cálculo político fundamental: no construyó consensos antes de avanzar con cambios sustanciales en las reglas electorales. Esta crítica cobra relevancia porque el PRO integra la coalición gobernante, lo que convierte la objeción en un síntoma de tensiones internas sobre cómo proceder con transformaciones institucionales de esta envergadura.
Durante una intervención radial, Ritondo fue directo al señalar que el Gobierno "cometió un error" al prescindir del trabajo previo de consenso. Su diagnóstico incluye una reflexión sobre el proceso: tal como ocurrió en otras oportunidades, estos temas de alcance constitucional requieren de una etapa previa de diálogo. El legislador recordó su participación en el Consejo de Mayo, espacio donde se debatieron reformas institucionales, y subrayó que la cuestión de las primarias no figuró entre los temas abordados entonces. Esta observación sugiere que existe una metodología reconocida en círculos políticos para tramitar cambios de esta magnitud, y que saltarla acarrea costos políticos que van más allá de los números parlamentarios.
Una defensa matizada de las primarias
Lo que resulta particularmente interesante en la postura de Ritondo es que no se opone a revisar el sistema de primarias desde una perspectiva meramente defensora del status quo. Por el contrario, reconoce tanto aspectos positivos como problemáticos. En sus palabras, las PASO "ha hecho muchas cosas buenas", aunque admite simultáneamente que "es costoso". No se trata, entonces, de un rechazo categórico sino de una invitación a pensar alternativas que conserven lo valioso del mecanismo. Con este objetivo, el bloque del PRO ya presentó un proyecto alternativo denominado PAS —Primarias Abiertas y Simultáneas— que modifica aspectos cruciales del sistema vigente.
La propuesta amarilla introduce cambios sustanciales respecto al formato actual. Establece que estos comicios no serían obligatorios para los votantes ni para los partidos políticos en términos de obligar candidaturas únicas. Según los cálculos de Ritondo, esta reformulación reduciría los costos en más del 30 por ciento. Sin embargo, el diputado no soslaya una realidad incómoda: la democracia electoral siempre conlleva gastos. La Constitución Nacional menciona explícitamente a los partidos políticos como actores de la vida democrática, y esa mención genera obligaciones que no pueden ser esquivadas mediante un decreto o una reforma apurada. El planteo implícito es que cualquier solución debe navegar entre la necesidad de reducir gastos y el respeto a marcos institucionales establecidos.
Resistencias que se amplían: perspectivas desde distintos espacios
La objeción de Ritondo no representa un caso aislado. Desde espacios ideológicamente diversos emergen argumentaciones que convergen en señalar la importancia de mantener las primarias, aunque por razones distintas. En el peronismo, sectores que incluyen a Victoria Tolosa Paz, diputada y exfuncionaria de Desarrollo Social, plantean que las PASO constituyen una herramienta fundamental para canalizar la pluralidad interna. Tolosa Paz argumenta que esta instancia permite construir liderazgos alternativos y resolver disputas de candidaturas dentro de una estructura partidaria común. Su intervención no fue casual: ocurrió poco después de un acto realizado en Parque Norte donde un sector peronista marcó posición en relación a la competencia por el liderazgo entre distintas alas del movimiento, particularmente entre el kirchnerismo y el sector comandado por el gobernador bonaerense Axel Kicillof. Este contexto revela que para la coalición peronista, las primarias representan un mecanismo para gestionar sus propias fracturas internas sin que se traduzcan en divisiones públicas insalvables.
La iniciativa oficial de reforma política fue anunciada por el presidente Javier Milei el 23 de abril y comprende múltiples ejes: la eliminación de las PASO, reformulaciones en el financiamiento de los partidos políticos e implementación de la llamada Ficha Limpia, entre otros puntos. Sin embargo, la arquitectura misma de la coalición gobernante presenta vulnerabilidades para avanzar con una agenda de esta envergadura. El Ejecutivo enfrenta un cálculo aritmético desfavorable: necesitaría 129 votos en la Cámara de Diputados y 37 en el Senado para concretar cambios constitucionales de esta magnitud. Las estimaciones sugieren que incluso aliados como el PRO y la Unión Cívica Radical podrían no estar dispuestos a proporcionarlos, lo que amplifica la complejidad de la tarea.
Estas tensiones ilustran un debate más profundo sobre los modos de hacer política institucional en democracia. La pregunta no es solo si las PASO deben existir, sino cómo se construyen las decisiones que transforman reglas electorales fundamentales. Ritondo enfatiza que sin trabajo previo, sin construcción de consenso, reformas de esta envergadura quedan vulnerables a objeciones tanto técnicas como políticas. Algunos analistas consideran que la falta de diálogo preliminar debilita la legitimidad de cualquier cambio resultante. Otros, en cambio, podrían argumentar que la urgencia de modernizar el sistema electoral justifica movimientos más ágiles. Lo cierto es que la presente encrucijada revela que en materia de reformas institucionales profundas, los números parlamentarios solos no garantizan éxito si falta construcción política previa.



