El regreso y las estructuras de poder
Apenas tocó suelo argentino después de presidir la delegación nacional en la final del Mundial, Claudio "Chiqui" Tapia se sumergiría nuevamente en las operaciones de la Ceamse, la empresa estatal que gestiona residuos en la región metropolitana. Lo que podría parecer una actividad secundaria para el máximo dirigente del fútbol local constituye, en realidad, uno de los pilares de su influencia política territorial. Mientras enfrenta complicaciones legales en Estados Unidos vinculadas a presuntas irregularidades en la Asociación del Fútbol Argentino, Tapia consolida una red de contactos institucionales que trasciende ampliamente el universo deportivo. Este movimiento simultáneo —retomar responsabilidades ejecutivas en una firma pública mientras gestiona crisis en su rol futbolístico— expone una realidad frecuente en la política argentina: la convergencia de múltiples espacios de poder en manos de actores clave del establishment.
Desde su asunción a fines del año pasado como presidente de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado, Tapia comandaría una institución que lo vincula directamente con 45 intendentes municipales, mayormente afiliados al peronismo. La maniobra de su designación fue estratégica: reemplazó a quien ejercía la vicepresidencia desde 2015 en representación de la Ciudad de Buenos Aires, cargo del cual fue desplazado por decisión del jefe de gobierno porteño. Su llegada a la presidencia de la Ceamse llegó propuesta por el gobernador de Buenos Aires, consolidando así su posicionamiento en la estructura estatal bonaerense. Este cambio de ubicación institucional marca un realineamiento claro: Tapia se reposiciona hacia la provincia, alejándose de la ciudad gobernada por una administración opuesta.
La red territorial y sus mecanismos de funcionamiento
Durante su estadía en Estados Unidos acompañando al equipo nacional, Tapia participó de manera virtual en reuniones de directorio de la Ceamse, demostrando una gestión que no se interrumpe por compromisos deportivos de primer nivel. Este patrón de continuidad ya se había observado hace cuatro años cuando viajó a disputar el campeonato mundial en Qatar. A su regreso físico al territorio nacional, se reuniría con figuras clave de la administración empresarial: el gerente de Operaciones, Leonardo Maceiras, y el director ejecutivo, Gustavo Ricardes. Estas reuniones no son meros trámites administrativos, sino expresiones de un poder que se ejerce cotidianamente sobre una estructura que afecta directamente los servicios de saneamiento en toda la región metropolitana.
La conexión entre Tapia y los gobiernos locales fluye a través de Carlos Montaña, vicepresidente del Club Atlético Independiente, quien oficia como encargado del vínculo de la Ceamse con las intendencias usuarias de sus servicios. Montaña mantiene cercanía con el senador bonaerense Sergio Berni, tejiendo así una trama de relaciones que entrelaza fútbol, gestión ambiental y política subnacional. Entre los intendentes que conforman esta red destacan Federico de Achával (cuyo distrito de Pilar es sede de las nuevas oficinas de la AFA), Gastón Granados (Ezeiza, municipio anfitrión del predio de entrenamiento de la selección), Leonardo Otermín (Lomas de Zamora) y Nicolás Mantegazza (San Vicente). Aunque algunos integrantes de este círculo participaron en encuentros informales en instalaciones futbolísticas, rechazando públicamente identificarse como núcleo alineado con la dirigencia de Tapia, la estructura territorial persiste independientemente de cómo sus miembros prefieran autocalificarse.
La resistencia de ciertos jefes comunales a ser asociados con Tapia constituye un dato revelador. Desde entornos de dos de estos intendentes, se negó la realización de encuentros recientes con el titular de la AFA posterior a la final mundialista. Sin embargo, los mecanismos institucionales que los vinculan operan con independencia de declaraciones públicas. La Ceamse funciona como una estructura que genera interdependencia: los municipios requieren de sus servicios de tratamiento de residuos, y la gestión de esa relación pasa necesariamente por quien comanda la institución. Esta dinámica no requiere de encuentros mediáticos ni de reconocimiento explícito para operar con efectividad.
El acercamiento bonaerense y sus implicancias estratégicas
A fines del año pasado, Tapia acordaría con el gobierno de Axel Kicillof la utilización del Estadio Único de La Plata para albergar encuentros de las selecciones nacionales. Simultáneamente, la sede social de la AFA fue reubicada dentro de territorio bonaerense, en lugar de mantener su localización tradicional. Desde Nueva Jersey, durante su participación en la final mundialista, Tapia compartió públicamente avances relativos a las obras de remodelación del estadio platense. Esta secuencia de decisiones configura un escenario donde el titular de la AFA amplía su dependencia institucional respecto de la administración provincial gobernada por Kicillof. El desplazamiento de la vicepresidencia de la Ceamse desde la representación porteña y su acceso a la presidencia desde la propuesta bonaerense marca un giro territorial en su poder político.
Las complicaciones legales que acechan a la estructura de la AFA en jurisdicción estadounidense constituyen el telón de fondo de estos movimientos. Investigaciones en Estados Unidos analizan presuntos desvíos de fondos de la entidad futbolística, asunto que Tapia ha respondido mediante publicaciones en redes sociales orientadas a descalificar lo que denomina "mentiras" y "operaciones desestabilizadoras". Su defensa ha omitido referencias explícitas a las causas judiciales internacionales, enfocándose en lo que describe como intentos de sabotaje dirigidos hacia quienes contribuyeron al desarrollo del fútbol argentino. Este discurso de victimización, emitido mientras retoma funciones ejecutivas en instituciones públicas vinculadas con decenas de gobiernos locales, subraya la compleja superposición de roles y la multiplicidad de espacios desde donde se ejerce influencia.
La proyección de consecuencias de esta arquitectura de poder resulta multifacética. Por un lado, la profundización de lazos entre la conducción futbolística y estructuras territoriales bonaerenses podría fortalecer la gestión de la AFA a nivel subnacional, facilitando la disponibilidad de espacios e infraestructuras para actividades de las selecciones nacionales. Por otro lado, la concentración de múltiples roles ejecutivos en una misma persona plantea interrogantes sobre potenciales conflictos de intereses y sobre cómo se articulan responsabilidades en instituciones públicas cuando sus presidentes mantienen simultáneamente dirección de entidades privadas o deportivas. Asimismo, la evolución de los procedimientos legales internacionales añadirá presión sobre la viabilidad de mantener estas estructuras de influencia con la continuidad actual. La reconfiguración de alianzas territoriales, con énfasis en la provincia de Buenos Aires, también refleja dinámicas más amplias de reposicionamiento de actores en un contexto donde las lealtades políticas exhiben volatilidad considerable.



