En un acto de vulnerabilidad poco común en la esfera pública municipal, un funcionario local decidió exponer ante su comunidad una batalla personal que atraviesa desde hace más de diez meses. Lo que comenzó como una jornada sobre prevención de consumos problemáticos en el distrito de Pigüé derivó en un testimonio crudo que trascendió las intenciones originales del evento y generó una reflexión más profunda sobre cómo los líderes territoriales lidian con sus propias fragilidades. El acto, enmarcado en una iniciativa denominada "Hablar es prevenir", buscaba crear espacios de diálogo comunitario. Lo que nadie esperaba era que el intendente Matías Nebot, de 37 años y al frente de la administración municipal desde hace poco más de un año, pusiera en palabras su lucha diaria contra una adicción que lo consumió durante aproximadamente dos años.
La confesión que rompió esquemas
Fue el pasado sábado cuando Nebot tomó la palabra frente a vecinos y referentes locales en ese encuentro. Con una sinceridad que sorprendió incluso a quienes lo conocen, expresó números concretos: lleva 308 días sin consumir cocaína. La precisión en la cifra habla por sí sola de alguien que cuenta cada jornada como un logro. "Para mí es bastante difícil saber por dónde empezar, pero voy a arrancar por donde me salga del corazón", fue su introducción a un relato que quedó capturado en registros audiovisuales difundidos luego en plataformas digitales. En esos videos es posible apreciar a un hombre que elige las palabras con cuidado, que busca comunicar más allá del discurso político tradicional.
El intendente participó de la jornada junto a Adrián Di Renzo, un referente que se desempeña en el acompañamiento de personas atravesadas por consumos problemáticos. Ambos ocuparon un lugar central en una actividad que el municipio había planteado bajo un lema particularmente significativo: "Hablar rompe el silencio que alimenta las adicciones". Aunque la propuesta inicial era transmitir mensajes de prevención y concientización, la intervención de Nebot transformó la dinámica del encuentro en algo más visceral, más real, más alejado de los discursos estériles que suelen dominar los espacios institucionales.
Cuando la crisis económica y la adicción convergen
En su exposición, el jefe comunal realizó una conexión entre su consumo problemático y momentos de particular estrés administrativo. Recordó que la etapa más crítica de su adicción coincidió con un período de severa tensión económica para la administración local. Fue a comienzos de 2025 cuando debió avanzar con recortes en los salarios de los trabajadores municipales, una decisión que, según relató ante los presentes, tuvo un impacto emocional significativo en su persona. La relación entre presión laboral, crisis institucional y consumo no es nueva en los estudios sobre adicción, pero escucharla articulada en primera persona por quien ocupa un cargo de responsabilidad pública añade una dimensión que trasciende la anécdota.
Esta conexión que Nebot estableció durante su testimonio refleja algo que la literatura científica y las experiencias de recuperación sostienen desde hace décadas: las adicciones no surgen en el vacío. El consumo de sustancias funciona frecuentemente como un mecanismo de escape o automedicación frente a situaciones de angustia, presión o incapacidad percibida de resolver conflictos. En el caso particular de una autoridad municipal que debe tomar decisiones que afectan directamente a sus empleados y vecinos, esa carga psicológica adquiere dimensiones particulares. El acto de comunicar públicamente esta conexión, de vincular su vulnerabilidad con las decisiones que debió tomar, constituye un gesto que interroga las narrativas convencionales sobre el liderazgo.
La recuperación como proceso cotidiano
Durante el encuentro, Nebot también expresó una perspectiva sobre la recuperación que revela comprensión del proceso por el que transita. "La lucha contra la adicción se tiene que dar todos los días, un día a la vez. La causa nunca es la sustancia; la causa es otra cosa, la sustancia es la consecuencia", fue lo que sostuvo ante los asistentes. Esta reflexión sintetiza principios que han sustentado programas de recuperación en todo el mundo durante décadas, desde las metodologías de doce pasos hasta enfoques contemporáneos basados en neurociencia. La idea de que el consumo es síntoma y no causa raíz, de que la dependencia es una manifestación de conflictos más profundos, marca un punto de inflexión en cómo muchas personas comprenden sus propias adicciones.
Lo que resulta particularmente relevante es que Nebot articule estos conceptos no como teoría abstract, sino como verdad vivida, como conocimiento adquirido en la trinchera de su propia experiencia. El énfasis en la cotidianidad de la recuperación, en la necesidad de renovar el compromiso cada veinticuatro horas, es la expresión de alguien que ha aprendido que la abstinencia no es un destino al que se llega y se habita para siempre, sino un estado que requiere mantenimiento permanente, vigilancia, trabajo.
El silencio posterior y sus significados
Tras la repercusión que generó su testimonio en redes sociales y en conversaciones comunitarias, Nebot optó por no realizar declaraciones adicionales cuando fue abordado por medios locales. La ausencia de comunicación posterior del intendente puede interpretarse desde múltiples ángulos. Podría indicar una intención de no convertir su experiencia personal en un activo de campaña política, de evitar que su vulnerabilidad sea instrumentalizada. También podría reflejar que, habiendo expresado lo que consideró necesario decir, prefiere que el contenido de su mensaje hable por sí solo sin mediaciones adicionales. Alternativamente, podría sugerir cierta incomodidad con la magnitud de la repercusión generada.
Lo que sí hizo el municipio fue difundir en sus canales institucionales un resumen de la actividad, aunque notablemente sin hacer referencia específica al relato del intendente. En su lugar, destacó el testimonio de Di Renzo y enfatizó la importancia de generar espacios de diálogo y concientización sobre consumos problemáticos. El municipio subrayó que este tipo de encuentros contribuye a construir "una comunidad más informada, comprometida y presente frente a una problemática que nos involucra a todos". Aunque la omisión podría parecer un acto de discreción, también puede leerse como un intento de enfocar la atención en el mensaje institucional más que en la figura individual.
Implicancias de quebrar el tabú en la política local
El acto de un funcionario electo admitiendo públicamente una lucha contra la adicción presenta múltiples capas de significado para la política argentina, particularmente en el nivel municipal donde la proximidad con la comunidad adquiere características distintas que en espacios más alejados del poder. Históricamente, los referentes políticos han guardado silencio sobre sus conflictos personales, construyendo narrativas de certeza y control que se alineaban con los estándares de liderazgo prevalecientes. La ruptura de este silencio por parte de Nebot abre interrogantes sobre cómo la sociedad percibe a quienes gobiernan, qué tipo de humanidad se espera que demuestren, y hasta qué punto la vulnerabilidad puede ser un activo o un riesgo en la política.
Por otro lado, la iniciativa de utilizar la esfera pública municipal para abordar consumos problemáticos desde la prevención y el diálogo refleja una transformación en cómo se conceptualiza el rol de las administraciones locales en materia de salud mental y adicciones. Alejándose de enfoques puramente represivos o de negación, algunos gobiernos territoriales han comenzado a asumir la responsabilidad de crear espacios de conversación, de normalizar la discusión sobre estas temáticas, de reconocer que el consumo problemático es un fenómeno que atraviesa todas las capas sociales. El ciclo "Hablar es prevenir" participa de esta tendencia global de reconceptualización.
Las consecuencias de este gesto se despliegan en múltiples direcciones. Para algunos, la exposición pública de Nebot representa un acto de valentía que podría abrir puertas a que otras personas en posiciones similares de vulnerabilidad encuentren caminos de recuperación sin temor a la estigmatización política. Para otros, podría generar cuestionamientos sobre la capacidad de concentración en tareas administrativas, o sobre cómo se percibe a un líder que ha transitado esta experiencia. Algunos sectores podrían ver en ello un símbolo de autenticidad en un sistema que frecuentemente peca de artificio, mientras que otros podrían considerarlo una exposición innecesaria de la esfera privada. Lo que resulta indiscutible es que el acto de hablar, de poner en palabras una experiencia de consumo y recuperación desde una posición de autoridad local, modifica el escenario discursivo en torno a estas temáticas y abre preguntas que trascienden el caso individual para inscribirse en debates más amplios sobre política, liderazgo, salud pública y comunidad.



