El barrio porteño de Almagro despertó esta mañana con sorpresas desagradables para sus habitantes: calles clausuradas al tránsito vehicular, colapso vial en las arterias principales y el cierre inesperado de la estación Río de Janeiro de la línea A del subterráneo. Detrás de este caos estaba la presencia de Javier Milei, quien acudió al instituto ORT para participar en un encuentro con adolescentes donde abordó cuestiones vinculadas a ética y tecnología de punta. El acontecimiento dejó en evidencia las tensiones que genera cualquier movimiento del primer mandatario en espacios urbanos densamente poblados, así como las complejidades que rodean a los actos escolares cuando interviene la máxima autoridad del país. Lo que pudo parecer una simple actividad académica terminó siendo un episodio que atravesó distintas capas de la sociedad: desde las molestias de los vecinos hasta las preocupaciones de padres y educadores.

La institución que recibió al Presidente es uno de los establecimientos educativos más relevantes de la comunidad judía argentina. Fundada en 1936 como escuela de oficios, ha experimentado una transformación significativa a lo largo de casi nueve décadas, consolidándose como un centro de enseñanza de envergadura que forma a cientos de adolescentes cada año. El colegio ORT representa un proyecto educativo con raíces profundas en la historia del país y una trayectoria vinculada a valores de formación integral y excelencia académica. Su sede ubicada en la zona de Yatay fue elegida para este encuentro con motivo de los 90 años de la institución en territorio argentino. Según pudo conocerse, la convocatoria contó con gestiones adicionales del presidente de la DAIA, Sergio Berenstein, lo que evidencia que el acto trascendió el ámbito puramente escolar para adquirir dimensiones institucionales más amplias.

Una charla sobre futuro e innovación tecnológica

Durante aproximadamente 40 minutos, Milei se dirigió a estudiantes de cuarto y quinto año en un auditorio que funcionó a capacidad máxima. Su exposición giró en torno a la inteligencia artificial y sus implicancias éticas, tema que el mandatario ha desarrollado en múltiples ocasiones desde que asumió el cargo. En junio de este año, el Presidente plasmó sus ideas sobre esta materia en una colaboración especial para el diario británico Financial Times, bajo el título "La Argentina invita a la IA a liberarse". En ese artículo, Milei sostuvo la necesidad de establecer marcos regulatorios que posibiliten el avance de estas tecnologías con la mínima injerencia del aparato estatal. Más allá de este aspecto regulatorio, el mandatario ha insistido en la conveniencia de que la nación se posicione como un epicentro regional de investigación e inversión en el sector de innovación tecnológica. La charla en ORT parece haberse alineado con estas convicciones que caracterizan el pensamiento económico y tecnológico del Presidente.

Lo que resultó notable fue la solicitud expresa del mandatario a las autoridades escolares respecto de la composición de la audiencia. Milei pidió explícitamente que asistiera "la menor cantidad posible" de adultos al salón donde se llevaría a cabo la presentación. Esta demanda reveló una intención deliberada de generar un espacio mayoritariamente poblado por jóvenes, tal vez buscando un diálogo más directo y menos mediado por figuras de autoridad institucional. Junto al Presidente estuvieron presentes Karina Milei, su secretaria general, y Pilar Ramírez, jefa del bloque libertario en la legislatura porteña. También participó Jorge Grünberg, rector de la Universidad ORT Uruguay, lo que amplió el carácter institucional del encuentro. El mandatario fue enfático en otro aspecto: la charla no debería ser difundida a través de canales oficiales de comunicación ni permitir acceso a la prensa, generando así un espacio cerrado para la interacción.

Reacciones dispares en la comunidad educativa

Al concluir su intervención, Milei fue rodeado por estudiantes que buscaban fotografiarse junto a él en un clima descrito como "festivo" por quienes presenciaron los momentos finales del acto. Sin embargo, este aspecto jovial no fue el único que caracterizó la jornada. Paralelo a la euforia de algunos adolescentes, surgieron expresiones de inconformidad entre padres y allegados a los alumnos. Aunque estas críticas se manifestaron de manera discreta, sin intervenir públicamente durante el evento, dejaron constancia de posturas disidentes respecto de la naturaleza y el formato de la visita. Particularmente significativa fue la señalización de diversos adultos respecto del silencio de los docentes, quienes aparentemente evitaron pronunciarse sobre lo ocurrido, posiblemente por temor a represalias o por presión institucional no explícita. Esta mutualidad en el no-dicho resulta sintomática de cómo ciertos espacios escolares procesan la irrupción de figuras de poder.

Las autoridades del colegio habían comunicado con anticipación a los progenitores de los estudiantes sobre la próxima visita. Un correo electrónico enviado por los directivos aclaraba que la participación en la actividad era "voluntaria" y se desarrollaría dentro del horario de clases. Asimismo, se brindaba la oportunidad a los padres de expresar objeciones dentro de un plazo de 24 horas, garantizando que sus hijos no serían incluidos en la actividad si así lo deseaban. Este procedimiento, aunque respeta formalmente los derechos de los progenitores, también evidencia que la institución otorgaba al evento un carácter lo suficientemente delicado como para prever anticipadamente potenciales fricciones familiares o ideológicas. El hecho de que se ofreciera esta cláusula de exclusión sugiere que se reconocía la posibilidad de que algunos sectores pudieran tener reparos ante la presencia presidencial en un espacio educativo.

Un Presidente activo en espacios comunitarios e internacionales

Desde su llegada a la Casa Rosada, Milei ha demostrado una dedicación particular hacia la comunidad judía e Israel en múltiples ocasiones. Su relación con sectores ortodoxos, especialmente aquellos vinculados a Jabad Lubavitch, ha generado una presencia habitual del mandatario en actos organizados por diversas instituciones comunitarias. El Presidente no ha faltado a conmemoraciones ligadas a atentados históricos como los ocurridos en la embajada de Israel y la AMIA. Estas vínculos también se expresan en la designación de personalidades cercanas: Axel Wahnish, actual embajador argentino en Israel, mantiene funciones paralelas como rabino influyente en círculos presidenciales. La relación con el gobierno de Benjamín Netanyahu se ha consolidado como uno de los pilares de la política exterior argentina bajo la actual administración, lo que incluye dos visitas a territorio israelí realizadas por el mandatario. Este posicionamiento internacional ha colocado a la Argentina entre los aliados más explícitos del gobierno de Netanyahu, en un contexto donde la respuesta militar contra la población palestina en Gaza ha enfrentado cuestionamientos en diversos foros internacionales, particularmente después del ataque terrorista del 7 de octubre de 2023.

La participación en ORT se enmarca dentro de un período de reactivación de agendas públicas del mandatario. Después de permanecer diez días sin compromisos públicos, Milei reinició una serie de actos a partir del 17 de agosto, día en el que encabezó homenajes al general San Martín. Posteriormente, pronunció un discurso de gran resonancia ante el Consejo de las Américas, seguido de su cierre de actividades en la reunión de la Bolsa de Comercio de Rosario. El regreso a la Casa Rosada tras 24 días se produjo hace poco tiempo, cuando presidiría una reunión de gabinete donde ratificó el rumbo económico adoptado por su administración y desestimó señalamientos sobre crisis de morosidad en el sector financiero. Este patrón de actividades públicas densas sugiere un Presidente que busca mantener presencia en distintos espacios: desde instituciones educativas hasta ámbitos empresariales y comunitarios.

La visita a la escuela ORT plantea interrogantes sobre cómo se articulan los espacios educativos con la política de mayor envergadura en contextos donde figuras presidenciales requieren despliegues significativos de recursos de seguridad. Por un lado, estos encuentros pueden interpretarse como intentos de acercamiento directo a generaciones más jóvenes, ofreciendo plataformas para exponer ideas sobre temas relevantes como la innovación tecnológica. Por otro, suscitan reflexiones sobre los impactos que genera en la vida cotidiana de comunidades enteras la presencia de autoridades máximas, así como sobre las dinámicas internas que emergen en instituciones cuando deben gestionar estas visitas. La aparente satisfacción de los estudiantes que se fotografiaron con el mandatario contrasta con las inquietudes manifestadas discretamente por padres y el silencio estratégico de docentes, sugiriendo que en el seno de la comunidad educativa coexisten perspectivas diversas, no siempre verbalizadas públicamente, sobre qué significa recibir al Presidente en las aulas. La pregunta que permanece en el horizonte es cómo estas tensiones se resolverán a medida que se multipliquen este tipo de iniciativas en el ámbito educativo.