No hay forma más contundente de hablar en el fútbol que con resultados. Gimnasia y Esgrima La Plata cerró el miércoles una noche de alto voltaje en tierras cordobesas con una victoria ajustada pero merecida ante Belgrano, ganando 1 a 0 con gol de Chelo Torres, y encadenó así su quinta victoria consecutiva entre todas las competencias. Lo que está en juego no es menor: el Lobo se metió en el sexto puesto de la tabla y hoy depende de sus propias fuerzas para clasificarse a los octavos de final. Ese solo dato resume la transformación que viene atravesando este equipo bajo la conducción de Ariel Pereyra.

Una visita a Córdoba con pecho inflado

El plantel platense cruzó la mitad del país con una convicción que se notó desde el primer minuto. Hubo un plan claro, una idea de juego que se sostuvo en el tiempo y una identidad colectiva que se apoya en nombres concretos. Nacho Fernández distribuyó desde abajo con criterio y pausa, siendo el cerebro de las combinaciones. Steimbach aportó movilidad y llegada por el carril lateral, mientras que Miramón ordenó la línea defensiva con solidez. Y por arriba, en la zona de peligro, fue Chelo Torres quien apareció cuando más hacía falta: el tanto llegó tras un centro preciso de Nicolás Barros Schelotto, con Torres conectando la pelota para abrir el marcador y poner al equipo en el camino correcto.

La dinámica del Lobo fue notoria: agresividad en la presión alta, velocidad en las transiciones y profundidad por los costados. Cada vez que Gimnasia recuperó la pelota, buscó el arco rival con pocos toques. No se recreó en la elaboración innecesaria, sino que fue directo y eficiente. Esa claridad táctica contrastó con las dificultades que encontró el local para generar peligro real en el primer tiempo.

El partido tomó otro color cuando, a los 24 minutos del primer tiempo, el árbitro expulsó directamente a Federico Ricca de Belgrano. Ante ese escenario, Gimnasia tuvo la chance de ampliar la diferencia, pero la efectividad en el último pase no acompañó. El equipo generó situaciones, combinó bien, pero cayó reiteradamente en posición adelantada y desaprovechó oportunidades concretas de aumentar el marcador.

Belgrano puso el corazón, pero no alcanzó

Con un hombre menos en cancha, el conjunto local salió a disputar el complemento con una actitud diferente. El estadio empujó, la hinchada cerró filas con su equipo y el Pirata mostró carácter. En ese contexto, Lucas Zelarayán fue el motor emocional del equipo dirigido por Zielinski: su garra y su presencia en el campo despertaron las ovaciones del público cordobés. Sin embargo, el coraje no logró traducirse en situaciones claras de gol. La inferioridad numérica pesó demasiado para generar el empate que hubiera cambiado el panorama clasificatorio del Pirata.

Para Belgrano, la derrota tiene consecuencias directas en la tabla de posiciones. Una victoria esta noche le habría garantizado el avance a la siguiente ronda, pero ahora deberá esperar y depender de combinaciones de resultados ajenos para seguir en competencia. El club cordobés, con una historia rica en ascensos y descensos en la máxima categoría argentina —incluyendo su regreso a Primera División en 2022 tras varios años en el Nacional B—, sabe bien lo que significa pelear cada partido hasta el final. Pero esta vez no fue suficiente.

El panorama clasificatorio y lo que viene

Con este resultado, Gimnasia desplazó a Racing Club del octavo puesto y se instaló en la sexta posición. Ahora, el escenario de cara a la última fecha tiene dos variables. Si este lunes Huracán no derrota a Argentinos Juniors, el Lobo quedará clasificado automáticamente sin siquiera jugar. En cambio, si el Globo suma los tres puntos, Gimnasia necesitará al menos igualar en su visita —o local, según la programación— ante el Bicho para asegurarse el pasaje a los octavos de final del torneo. En ambos escenarios, la situación del equipo platense es claramente favorable: llega con confianza, con racha positiva y con el impulso psicológico que genera ganar cinco veces seguidas.

La racha de cinco victorias consecutivas no es un dato menor si se lo pone en perspectiva histórica. Gimnasia es un club con una de las hinchadas más pasionales del fútbol argentino y una historia que incluye títulos, pero también largas sequías y momentos de crisis institucional. En ese contexto, ver al equipo competir de igual a igual —y ganar— contra rivales de peso en distintos escenarios habla de un proceso de construcción que parece tener bases sólidas.

Consecuencias y perspectivas hacia adelante

La victoria en Córdoba abre al menos dos lecturas posibles. Por un lado, la clasificación a los octavos de final representaría para Gimnasia no solo un avance deportivo concreto, sino también un espaldarazo económico: en el fútbol argentino actual, cada ronda adicional en un torneo implica ingresos televisivos y de taquilla que impactan directamente en las finanzas del club. Por otro, la continuidad del proceso Pereyra —con un equipo que crece en identidad y regularidad— podría consolidar una base para lo que resta del año.

Desde la vereda opuesta, para Belgrano el tropiezo llega en un momento delicado. El equipo mostró carácter en el segundo tiempo, pero las expulsiones y la falta de claridad ofensiva son señales que el cuerpo técnico deberá analizar con detenimiento. La presión de la clasificación, sumada a jugar con inferioridad numérica durante casi un tiempo completo, reveló limitaciones que habrá que corregir. Lo que suceda en la última fecha definirá si este traspiés fue un bache circunstancial o el principio de una crisis mayor. El fútbol, como siempre, guarda la respuesta para los próximos días.