La tensión sobre cómo reorganizar el sistema de competencias internas dentro de los espacios políticos ganó nuevos matices esta semana cuando emergieron críticas desde adentro del propio oficialismo. Patricia Bullrich, senadora con peso en la coalición gobernante, expresó su desacuerdo con el mecanismo de las colectoras, la herramienta que sectores de la administración nacional impulsan para negociar con los gobernadores aliados el apoyo hacia la eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. El dato revela fracturas en el consenso sobre cuál debería ser el camino a seguir, generando interrogantes sobre la viabilidad de los acuerdos en torno a cambios electorales estructurales.
El escenario político actual gira en torno a una estrategia clara del Gobierno nacional: lograr que desaparezcan o al menos se suspendan las PASO, el sistema que desde 2009 ha marcado el ritmo de las competencias internas de los partidos en Argentina. Para conseguir los votos legislativos necesarios, funcionarios de la Casa Rosada estudian ofrecer a sus aliados gobernadores una alternativa que permita resguardar sus propios espacios dentro de la coalición. Las colectoras emergen como la propuesta más concreta en esa dirección. Sin embargo, Bullrich cuestionó públicamente esta fórmula, indicando que "no le gusta" aunque reconoce que tampoco existe una solución mejor disponible en el horizonte inmediato. Esta declaración, lejos de ser un comentario menor, expone desencuentros sobre cómo debería procesarse una reforma que impactaría directamente en la dinámica de competencia dentro de los bloques políticos.
El dilema entre la eliminación y las alternativas limitadas
Cuando Bullrich sostiene que las colectoras no le resultan atractivas pero que "no encontramos un sistema mejor", está condensando un problema que trasciende los cálculos tácticos inmediatos. Su posición refleja una realidad más profunda: la dificultad estructural de reorganizar las reglas del juego electoral sin generar nuevas asimetrías o resentimientos entre los actores políticos. La senadora llegó incluso a manifestar su incomodidad el miércoles por la noche al retirarse del Senado, y luego reafirmó sus críticas en conversaciones posteriores, insistiendo en que existe un problema genuino sobre cómo gestionar las competencias internas de los partidos sin que ello afecte desproporcionadamente los tiempos y recursos de gobernanza.
El mecanismo de las colectoras, en esencia, permitiría que múltiples listas sumaran sus votos para un mismo candidato presidencial mientras simultáneamente compiten entre sí, sin necesidad de atravesar una elección primaria previa. Esto significaría una simplificación del calendario electoral, reduciendo etapas y concentrando fuerzas. Sin embargo, Bullrich advierte que una colectora única apenas resolvería parcialmente lo que las PASO ya solucionaban: la posibilidad de que numerosos aspirantes compitan en un escenario abierto por una misma candidatura. El análisis de la senadora sugiere que cambiar de un sistema a otro no es un movimiento neutro, sino que produce ganadores y perdedores dentro de la coalición oficialista.
La compleja ecuación del liderazgo presidencial y los espacios propios
El núcleo duro de La Libertad Avanza busca consolidar el liderazgo de Javier Milei de cara a una eventual reelección. Esto implica minimizar la fragmentación interna y las competencias que distraigan recursos y mensajes. Paralelamente, otros actores dentro de la coalición —Pro, la Unión Cívica Radical y los gobernadores aliados— tienen intereses distintos: preservar espacios propios desde los cuales negociar poder dentro de la coalición más amplia. Este es el meollo del conflicto que las colectoras intentarían resolver, pero que Bullrich considera insuficiente como solución integral. El planteo de la senadora no es caprichoso: refleja la preocupación de que un sistema que favorezca excesivamente la centralización del poder presidencial podría debilitar las bases territoriales de los partidos aliados, reduciendo su capacidad de negociación futura.
Lo que Bullrich expone, entonces, es una contradicción incómoda: la necesidad de eliminar las PASO para acortar los tiempos de competencia interna y permitir que el Gobierno se concentre en la gestión, contra la realidad de que cualquier sistema alternativo generará ganadores y perdedores dentro de la coalición. Las PASO, a pesar de sus críticas, ofrecían una cierta "democracia de facto" dentro de los espacios políticos, permitiendo que competidores accedieran a un escenario común de visibilidad y votos. Prescindir de ellas sin consenso genuino sobre qué las reemplace genera el riesgo de que algunos actores políticos se sientan excluidos o subalternizados en procesos de decisión interna. La postura de Bullrich sugiere que ella misma, a pesar de formar parte del Gobierno, percibe esta complejidad y no está dispuesta a avalarla sin expresar sus reservas.
El debate sobre cómo organizar las competencias internas de un país trasciende lo técnico electoral. Involucra preguntas sobre distribución de poder, representación dentro de coaliciones amplias, y la legitimidad de los procesos de selección de candidatos. Bullrich, al expresar su inconformidad pero reconocer la ausencia de mejores alternativas, está señalando que la clase política argentina enfrenta un callejón sin salida: las PASO tienen problemas reales —prolongan los tiempos de campaña, generan desgaste en los equipos de gobierno—, pero sus posibles reemplazos abren nuevas tensiones. Los próximos meses mostrarán si el Gobierno logra construir un consenso más firme alrededor de las colectoras, si consigue una salida alternativa que satisfaga a más actores, o si las fracturas que ya asoman en declaraciones como la de Bullrich terminan bloqueando cualquier reforma significativa en este terreno.



