Estuvieron en el mismo recinto, respiraron el mismo aire de Parque Norte, escucharon los mismos aplausos. Pero Javier Milei y Mauricio Macri no se saludaron. No hubo apretón de manos, no hubo contacto visual registrado, no hubo ninguno de esos gestos que la política suele fabricar para la tribuna. Lo que sí hubo fue una geometría elocuente: el Presidente en el escenario, el expresidente en una mesa cada vez más lejos del centro del salón. La cena anual de la Fundación Libertad, celebrada este jueves por la noche ante más de mil invitados, se convirtió en el escenario involuntario de una distancia que ya lleva seis meses sin resolverse y que, lejos de achicarse, parece consolidarse como un dato estructural de la nueva configuración política argentina.
Un encuentro que no fue encuentro
La última vez que ambos dirigentes estuvieron cara a cara fue en octubre pasado, en una cena en la residencia de Olivos. Esa noche, Macri se enteró del cambio en la Jefatura de Gabinete: la salida de Guillermo Francos y la llegada de Manuel Adorni. Lo que siguió no fue una conversación política entre aliados, sino un comunicado duro del líder de Pro que dejó en claro que la decisión le parecía equivocada. "A esta decisión a mi juicio desacertada, se suma la falta de resolución de las conocidas disputas internas del gobierno, claves en la hoja de ruta del futuro", escribió Macri públicamente pocas horas después. Y remató: "La idea era pensar la mejor manera de reforzar los equipos y prepararse para esta segunda etapa, pero no logramos ponernos de acuerdo." En Casa Rosada, ese tuit cayó como una piedra en un estanque. Desde entonces, el silencio entre ellos fue total. Esta noche en Parque Norte no lo rompió.
El dato no es menor en términos simbólicos. Milei y Macri habían llegado juntos a las elecciones legislativas de medio término celebradas apenas cinco días antes de aquel cruce en Olivos. Compartieron boleta, compartieron campaña, compartieron victoria. Pero la designación de Adorni como jefe de Gabinete operó como una cuña que, al menos por ahora, no encontró forma de extraerse. Esta noche, mientras Adorni ingresaba al salón justo antes del discurso presidencial y se sentaba junto a Karina Milei, Macri ya estaba instalado en una mesa junto a Fernando de Andreis y Cristian Ritondo, dos de sus hombres más cercanos. La geografía del salón contaba una historia que ningún discurso se atrevió a contar en voz alta.
El discurso de Milei: economía, Kicillof y un guiño a Adorni
Pasadas las 21.40, el Presidente tomó la palabra. Su intervención tuvo el tono que suele reservar para estos foros: una defensa encendida del rumbo económico, sin concesiones retóricas ni señales de moderación. "El número es horrible, pero no nos vamos a apartar un ápice de la ortodoxia", advirtió, en referencia al índice de inflación, que registra una curva ascendente en los últimos meses. La frase fue deliberadamente provocadora: en lugar de minimizar el dato, lo reconoció y lo resignificó como prueba de consistencia. "Lo peor ya pasó a pesar del ataque violento de la política contra el programa económico, al que no se lo pudieron llevar puesto", enfatizó. También cargó contra quienes, según dijo, se dejan manipular por el kirchnerismo, incluyendo en esa crítica a periodistas y medios de comunicación que, en sus palabras, "parecen más zurdos" que ciertos referentes de la izquierda.
Entre sus blancos habituales, Axel Kicillof fue el más mencionado, al que definió como "el soviético que gobierna la provincia de Buenos Aires". También repudió lo que llamó un nuevo intento de atentado contra Donald Trump en los Estados Unidos. Y, en un momento que no pasó inadvertido, dijo al citar un dato de mayo: "Antes de que ganara las elecciones Manuel", refiriéndose al triunfo de La Libertad Avanza en la ciudad de Buenos Aires. Era un saludo explícito al jefe de Gabinete, sentado en primera fila junto a su hermana. Adorni llegó a ese cargo en circunstancias que abrieron la fractura con Macri. Que Milei lo mencionara con ese afecto delante de mil personas no fue un dato menor.
Cuando el Presidente terminó, no se quedó a socializar. Salió por detrás del escenario, sin pasar por las mesas, sin detenerse. Macri, por su parte, abandonó el complejo minutos después. La simetría fue perfecta: los dos evitaron el momento que el ambiente político argentino habría convertido en foto del año.
Macri se mueve, Pro se reorganiza
El reencuentro —o no-reencuentro— tuvo lugar en un momento de reactivación política explícita por parte del expresidente. En las últimas semanas, Macri anunció que Pro presentará candidatos propios en las próximas elecciones nacionales, descartando la fusión orgánica con La Libertad Avanza. Habló de Pro como "el próximo paso" para consolidar los cambios del gobierno libertario, una formulación que le permite apoyo sin subordinación. También puso en marcha lo que en su entorno llaman el "próximo paso tour": recorridas por el interior del país para reposicionar al partido. Ya estuvo en Chaco, donde se reunió con el gobernador Leandro Zdero, y en Corrientes, donde hizo lo propio con Juan Pablo Valdés. En esas giras lo acompañan Ezequiel Sabor, Ezequiel Jarvis y el propio De Andreis, que ofician como armadores territoriales.
A comienzos de abril, Macri también cenó con el empresario Paolo Rocca, titular del Grupo Techint, a quien le transmitió su preocupación por el rumbo económico y político, y le planteó la necesidad de sostener una opción electoral "racional" en la que Pro tenga protagonismo. La ironía fue que esta noche, en el mismo evento, Milei volvió a referirse a Rocca con el apodo de "Don Chatarrín", una denominación que en el ámbito empresarial genera incomodidad y que contrasta con el tono con el que Macri lo trata en privado.
En el plano discursivo, Macri tuvo su propio momento en el escenario antes de que Milei tomara la palabra, junto al ensayista Álvaro Vargas Llosa. Celebró que "el populismo se está agotando en la Argentina", una frase que funciona como paraguas compartido con el oficialismo, aunque la unidad discursiva no se traduzca en unidad política. También llegó un mensaje grabado de la dirigente venezolana María Corina Machado, quien saludó a Macri y a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, a quienes definió como "aliados" y "amigos" de la causa venezolana. La mención fue aplaudida y situó a Macri en una red de referencias internacionales que también cultiva el oficialismo.
Un escenario con muchos actores y una ausencia que se hizo presente
El listado de asistentes daba cuenta del peso del evento. Por el Gabinete estuvieron los ministros Mario Lugones (Salud), Juan Bautista Mahiques (Justicia), Diego Santilli (Interior), Alejandra Monteoliva (Seguridad), Carlos Presti (Defensa) y Federico Sturzenegger (Desregulación). El ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, fue el último en llegar y el único que se acercó al escenario para saludar a Milei cuando este ingresó. También estuvieron el secretario de Asuntos Estratégicos Ignacio Devitt, el titular de YPF Horacio Marín, el embajador de Israel Eyal Sela, y los exfuncionarios Germán Garavano y Hernán Lacunza. La apertura estuvo a cargo de Gerardo Bongiovanni, titular de la Fundación Libertad, quien al mencionar a Milei y Macri cosechó aplausos. La sala respondió al nombre de los dos. El problema es que los dos no respondieron entre sí.
Lo que esta noche dejó en evidencia trasciende el anecdotario del saludo que no ocurrió. La relación entre el gobierno de Milei y el espacio de Pro se encuentra en un punto de tensión que ninguna de las dos partes parece dispuesta a resolver de manera abrupta, pero tampoco a disolver con un abrazo para las cámaras. Si la alianza electoral que llevó a La Libertad Avanza al poder en 2023 se reconfigura como competencia en 2025, el mapa político argentino puede cambiar de forma significativa. Si, por el contrario, algún tipo de acuerdo se alcanza antes de las elecciones, la escena de esta noche quedará como una anécdota de tensión transitoria. Lo que está claro es que seis meses sin verse, un evento compartido sin cruzar palabra, y una geografía de mesas que refleja distancias reales son señales que los propios protagonistas eligieron enviar. En política, la ausencia de un gesto también es un mensaje.



