Hay un momento en que la tecnología, esa herramienta pensada para facilitar la vida, se convierte en un muro. Para Esteban Bullrich, exsenador y exministro de Educación de la Argentina, ese momento llegó hace cinco meses, cuando la aplicación de criptomonedas Binance dejó de reconocer su rostro. No fue un error de sistema menor. Fue la consecuencia directa de que la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que padece desde 2021 fue modificando su apariencia física al punto de volver irreconocible al hombre que alguna vez registró su identidad en la plataforma. El resultado: sin acceso a sus propios fondos. El episodio, que se volvió público en los últimos días, pone sobre la mesa una discusión que va mucho más allá de un reclamo personal: ¿están diseñadas las plataformas financieras digitales para contemplar a personas con discapacidades progresivas?

Un reclamo que llegó a la cima de la empresa

Bullrich optó por la exposición pública cuando los canales convencionales de atención al cliente no le dieron respuesta. A través de la red social X, le escribió directamente a Richard Teng, director ejecutivo de Binance, para explicar su situación. El mensaje fue tan contundente como breve en su esencia: la ELA le está quitando movilidad, le está transformando el cuerpo, pero no debería quitarle también el acceso a su dinero. "La ELA se está llevando mi cuerpo. No debería llevarse también mi dinero", fueron sus palabras textuales, que circularon con rapidez en las redes. El planteo apuntó no solo a resolver su caso individual, sino a visibilizar una falla estructural: la ausencia de mecanismos alternativos de verificación de identidad para usuarios que, por razones médicas o de cualquier otra índole, no pueden someterse al reconocimiento facial.

El funcionamiento del sistema biométrico de Binance, como el de muchas plataformas similares, se basa en comparar la imagen del usuario en tiempo real con la foto registrada al momento del alta. En condiciones normales, ese proceso tarda segundos. Pero enfermedades como la ELA generan transformaciones físicas profundas: pérdida de masa muscular facial, cambios en la postura, alteraciones en la expresión. Lo que el algoritmo interpreta como "identidad no verificada" es, en realidad, el rostro de alguien cuya vida cambió drásticamente. La tecnología no distingue entre el fraude y la enfermedad.

La ELA como bandera pública

El diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica le llegó a Bullrich en 2021, cuando todavía ejercía su banca en el Senado nacional. La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que ataca las neuronas motoras, es decir, las células responsables de controlar el movimiento voluntario. Su avance es progresivo e irreversible: compromete la movilidad, el habla, la capacidad de tragar y, en las etapas más avanzadas, la respiración. No tiene cura. A fines de ese mismo año, Bullrich tomó la decisión de abandonar su cargo legislativo para concentrarse en su tratamiento y en la actividad de su organización civil. Desde entonces, lejos de retirarse del debate público, consolidó a la ELA como un eje central de su intervención social. Fundó la Fundación Esteban Bullrich, que trabaja en la mejora de la calidad de vida de los pacientes y en el apoyo a proyectos de investigación científica sobre la enfermedad. Hoy, para comunicarse, utiliza sistemas de asistencia tecnológica que le permiten escribir y expresarse pese al avance de los síntomas físicos.

En ese contexto, el episodio con Binance no es un hecho aislado ni anecdótico. Es la prolongación lógica de una trayectoria en la que Bullrich viene usando su visibilidad pública para señalar obstáculos concretos que enfrentan quienes conviven con enfermedades discapacitantes. Y en este caso, el obstáculo tiene nombre, tiene sede corporativa y tiene responsables identificables. La pregunta que dejó flotando en el aire su publicación es incómoda: si una persona con recursos, con acceso a redes sociales y con capacidad de llegar al CEO de una empresa global tardó cinco meses en obtener una respuesta, ¿qué pasa con quienes no tienen esa visibilidad?

La respuesta de Binance y el reconocimiento de una falla

La empresa no tardó en reaccionar una vez que el reclamo se volvió viral. A través de la misma red social donde Bullrich publicó su mensaje, Binance emitió una respuesta en la que lamentó lo ocurrido, confirmó que su equipo técnico tomó contacto directo con el usuario para resolver el bloqueo y, sobre todo, reconoció algo significativo: el caso expuso una "falla de accesibilidad" en su plataforma. El cierre del comunicado fue llamativo por su tono: "Gracias por alzar la voz y por exigirnos más", le dijeron públicamente al exsenador. Una frase que suena a reconocimiento genuino pero que también puede leerse como el resultado de la presión mediática más que de una política proactiva de inclusión.

Vale recordar que Binance es una de las plataformas de criptomonedas más grandes del mundo, con millones de usuarios activos en decenas de países. La Argentina, además, es uno de los mercados latinoamericanos donde la adopción de activos digitales creció de manera sostenida en los últimos años, impulsada por la inflación crónica y la búsqueda de alternativas para preservar el valor de los ahorros. Muchos de esos usuarios son personas mayores o con algún tipo de condición médica que puede afectar su apariencia física con el tiempo. El sistema de verificación biométrica, en su estado actual, no contempla esa realidad.

Accesibilidad digital: una deuda pendiente

El debate sobre accesibilidad en plataformas tecnológicas no es nuevo, pero sigue siendo urgente. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud estiman que más de mil millones de personas en el mundo viven con alguna forma de discapacidad. En ese universo, hay quienes padecen condiciones que alteran progresivamente su imagen física o su capacidad motora. Sin embargo, la mayoría de los sistemas de seguridad biométrica fueron diseñados pensando en un usuario estándar, sin considerar las variaciones que pueden introducir enfermedades, tratamientos médicos agresivos o simplemente el paso del tiempo. La falta de mecanismos alternativos de verificación no es solo un descuido técnico; es una decisión de diseño que excluye a una parte significativa de la población.

El caso de Bullrich abre varios frentes de análisis con consecuencias que todavía están por desarrollarse. Por un lado, puede funcionar como disparador para que otras plataformas digitales revisen sus propios protocolos de accesibilidad antes de que un reclamo similar las exponga públicamente. Por otro, podría impulsar a organismos reguladores, tanto en la Argentina como en otros países, a incorporar estándares de accesibilidad obligatorios para los servicios financieros digitales. También es posible que el episodio quede circunscripto a una resolución individual y puntual, sin generar cambios sistémicos. Lo que resulta difícil de imaginar es que, después de esta visibilización, el tema pueda ignorarse sin consecuencias reputacionales para las empresas del sector. Los usuarios con discapacidad existen, son millones y también tienen ahorros. La tecnología que no los contempla no es neutral: es excluyente.